sábado, 31 de diciembre de 2016

Macrobiótica en la República Dominicana

El pasado mes de noviembre tuve la grata oportunidad de visitar un país fascinante no tanto por su tamaño geográfico –ocupa la mitad de una isla del Caribe, que comparte con su vecino Haití--, sino por el tamaño del corazón de muchos de sus habitantes.
El propósito fundamental del viaje era impartir clases de astrología mi esposo, José Luis, y de macrobiótica yo, presentando a la vez mi último libro René Lévy. Una vida macrobiótica.
Estuvimos todos los días en Santo Domingo, la capital, salvo un mediodía en que nos llevaron a comer a un restaurante que está encima del mar, llamado Neptuno, en Boca Chica, una playa cercana a Santo Domingo. Ciertamente nos vino bien una pausa junto a las calmosas olas del Caribe en el cálido otoño dominicano.
Como suelo hacer dondequiera que vaya, pedí me acompañaran a mercados locales para ver los alimentos que venden en la zona. La macrobiótica recomienda productos del lugar –lo que en Cataluña, donde vivo, llaman “kilómetro cero”--; así que me interesé por lo que se cultiva y vende en la isla.



Mis conclusiones son las siguientes:
1) Por lo que pude ver, la gente compra en grandes supermercados, donde una pequeña parte es local (tal vez el 10 o 15 por ciento) y el resto es importado. Me recordó un poco a los supermercados de Miami, tipo Presidente. El estilo de compra es bastante parecido, salvando las diferencias en el nivel adquisitivo del comprador medio, que en la República Dominicana es mucho menor.




2) Los cereales en grano –el alimento principal en la macrobiótica—se encuentran sin problema, aunque no todos. El arroz integral, por ejemplo, es local, el grano es más delgado y por tanto tiene menos consistencia que el grano corto y más grueso que se vende en los EEUU o en Europa; pero eso es debido al clima, de manera que al ser más caluroso todo el año, la tierra produce ese grano más yin. Se puede comer como alimento de base. Otros cereales son el maíz, que es económico, igual que el arroz, y se adapta por la misma razón climatológica a la dieta habitual. Los demás granos: bulgur, es de importación, ya que el trigo no se da en la isla porque requiere un clima menos cálido y húmedo; el mijo y el trigo sarraceno o en otras formas, no los vi, pero tal vez se venden en alguna tienda de productos naturales (de importación); la avena sí la hay, y se consume bastante, en copos; la quinoa, la venden y es de importación (por eso es cara). El ajonjolí (sésamo), es local y abunda: en grano, sobre todo. El tahín (pasta de ajonjolí) no lo vi, será cuestión de que alguien se anime a hacerlo.

3) Los vegetales: locales, cebollas, ají (pimientos), tomates, lechuga, zanahorias, batata, auyama (calabazas del lugar)…, me van a disculpar, pero no recuerdo los nombres de algunos otros, por eso, porque son muy del lugar. Disculpen mi ignorancia. Nabos, rábanos, col verde, brócoli y otros vegetales son importados.

4) Las frutas, lo mismo; los aguacates y los mangos, muy abundantes y económicos; la sandía, en plena forma y dulce sabor en otoño; el coco, en múltiples presentaciones y variedades (enteros, jugos, leche de coco envasada…). Todas o casi todas las frutas tropicales tienen gran aceptación y se consumen enteras o en jugo. En la macrobiótica ya sabemos que no se recomiendan por su extraordinaria calidad yin, pero la verdad es que se dan en la isla en abundancia por el factor climático.
5) Legumbres: lentejas, garbanzos, frijoles, son muy populares y se encuentran por doquier. No recuerdo si son importados o locales, pero en cualquier caso, no son costosos. Algunos más específicos de la macrobiótica, como las azukis o el miso, se encuentran en tiendas orientales, y son de importación.
6) Pescado: el que vi en el supermercado no lo recomiendo. Tenía un color en los ojos muy turbio… Desde luego, muy fresco no parecía.
7) Otros productos muy específicos de la macrobiótica como el kuzu, las ciruelas umeboshi, el miso de buena calidad, no los vi. Yo les sugeriría a quienes vayan a visitar a amigos o parientes en la isla, que les lleven alguno de estos productos o se lo envíen de regalo para la Navidad. ¡Ese sí sería un buen regalo! El jengibre se encuentra en todas las cocinas, ¡en grandes cantidades y sin excepción! Pero sería bueno que empezaran a utilizar aliños como la salsa de soya natural (Shoyu) o la umeboshi, y aceites de buena calidad (de oliva, de ajonjolí, de girasol).
8) Bebidas: ya he mencionado que se consumen los jugos en todas sus variedades y contenidos. Están bien, saben rico; y el calor invita a tomarlos. El hábito muy extendido de consumirlos no es en sí malo o negativo. El problema surge cuando a ello se le agrega una dieta que contiene azúcar, porque por la mañana se cocinan copos de avena a los que les añaden azúcar, acompañado de café (muy yin y gran excitante del sistema nervioso) y galletas (azucaradas, por supuesto) o tostadas con mermelada (también azucarada), etc.

Esos hábitos generan un tipo de personas con una energía muy yin, que se detecta en sus cuerpos ciertamente dilatados por los excesos yin y el exceso de comida (recordemos que en los climas cálidos la ingesta de alimento debería ser menor que durante la estación fría) y esa calidad yin genera una personalidad también yin: falta de concentración y escucha cuando se nos habla o se nos explican conceptos que debemos retener, falta de memoria no importa la edad que se tenga, cansancio, sueño insuficiente o de poca calidad, comportamientos excesivamente sumisos y proclives a ser victimizados (no importa el sexo pero por lo general las mujeres son las más tendentes a adoptar ese rol sumiso), con la consiguiente polaridad yang en las personas a las que se atraen (recordemos: yin atrae yang, yang atrae yin), esto es, parejas u hombres abusivos de palabra u obra. Y eso va pasando de generación en generación hasta quedar grabado en el código genético, dicho de otro modo, karmático.



9) Reciclaje: Se echa en falta el hábito de reciclar y contenedores aptos para la clasificación de residuos (vidrio, cartón, plástico, latas…). Nuestro doliente planeta anda muy necesitado de cuidados intensivos, y cuando cruzo el charco, ya vaya al gigante estadounidense o a otros países más al sur, uno tiene la sensación de que allí nadie habla de contaminación ni se preocupa por ello.
Ya tuve ocasión de explicarles que yo no me creo lo que dice el Sr. Trump: que el cambio climático es un invento de los chinos y que no existe. Yo no creo que los glaciares que se están deshaciendo en los polos sea un invento de nadie. Y que si tienes la suerte de vivir en un lugar con un aire limpio donde no percibas ese hecho, no pienses que todo el mundo es así. En la China, precisamente, lo saben muy bien, y en Europa se están tomando muchas medidas en las ciudades para evitar esa cantidad de contaminantes que forma parte de la vida cotidiana de sus habitantes (poner contenedores de basura selectiva por doquier, dejar circular sólo la mitad de vehículos, como se ha hecho en París, en Madrid, etc, etc.).
Es obvio que en algunos lugares de América eso no es una prioridad. Ahora bien, si usted me dice que en su ciudad no hay contenedores para clasificar los residuos, bien, entonces puede hacer dos cosas: una, escribir a las autoridades o a los periódicos que publiquen cartas de los lectores exponiendo esa necesidad; y dos, generar menos basura siendo consciente de que el planeta es de todos y queremos dejar uno más limpio y habitable para nuestros hijos y nietos. Al final, de eso se trata.

Tengo que reconocer que tal vez la sangre de los dominicanos sea muy dulce. Y también que son algo gritones, parlanchines y a veces distraídos. Y que viven en un país donde uno no anda muy tranquilo por la calle, por miedo a que le roben. Pero también he de ser sincera y admitir que tienen el corazón más grande que he visto en muchos lugares que he visitado de este mundo. Y que se atreven a traer hijos al mundo aun en difíciles circunstancias personales. Dios se lo guarde y se lo ensanche aún más. Para que sigan siendo un ejemplo de devoción, amor al prójimo y alegría violeta.
¡Salud a la República Dominicana!



¡Y feliz año nuevo a todos!

lunes, 5 de octubre de 2015

Una clase magistral sobre masticar y respirar

Con motivo de la cocción de mi próximo libro --un perfil sobre René Lévy-- estuve a principios de verano en Cuisine et Santé, el santuario macrobiótico creado por René hace treinta y seis años en la falda francesa de los Pirineos. Allí tuve la oportunidad de asistir a alguna de las charlas que da el discípulo de René Daniel Salens, con gran conocimiento y una experiencia enriquecida a lo largo de veinticinco años en que asistió a René.

No quiero perder la ocasión de compartir esta maravillosa lección que nos brindó Daniel, y que es dificil de encontrar en ningún libro. Reproduzco mis notas tomadas en la charla de Daniel, espero con la mayor fidelidad posible. Disculpen si no hay una secuencia muy clara de ideas, es bastante literal. Veamos.

La sangre, que es yang --roja y caliente-- se siente atraída por el oxígeno, que es yin --azul y frío--, y lo lleva a las células.
El magnesio es muy yang; lo comemos en la sal marina.
Si hay poco oxígeno en la masticación, es demasiado yang porque hay demasiado carbono. Se necesita oxígeno para que el calor (yang) disminuya, y esto se realiza a través del oxígeno. Por eso es importante comer y respirar a la vez.
La persona que respira se da cuenta de pronto de que respira; y esto se convierte en un placer.
El aire circula mejor por el cuerpo cuando se camina. Es una sensación muy placentera; la misma que cuando comemos y respiramos.
Nuestro organismo está muy bien construido.
Nos alimentamos también de sensaciones y de emociones. Estas corresponden a las secreciones que se producen en las glándulas endocrinas: la tiroides, las suprarrenales, y también en la cabeza (hipotálamo). Hay órganos muy especializados que segregan hormonas. Tienen un sabor muy concentrado y producen un efecto muy concreto. De ahí que las emociones son secreciones, que pueden producir un efecto físico porque a veces notas una sensación en el estómago. A veces se siente una opresión, que puede ser una liberación de hormonas. Incluso cuando estás tranquilo, hay secreciones que te producen tranquilidad o sueño. Hay un cambio en la conciencia que es físico: es una sustancia que actúa casi como un medicamento interno, de forma natural (la secreción). 
El cuerpo puede hacer muchas cosas pero no las utilizamos todas.
Cuando comenzamos con la Macrobiótica, empezamos a conocer nuestro cuerpo.
Hay que conocerse uno mismo; y poner orden en la alimentación ayuda mucho a conocerse. Es lo primero que hay que hacer.
En otras épocas la alimentación era muy natural. Por eso no hacía falta hablar de ello. Ahora es necesario para todo el mundo.
Las secreciones cambian según la alimentación. Hay influencia entre respiración, segregación, alimentación. Nos alimentamos de lo que hacemos. Dar de uno mismo también alimenta. 
No podemos acumular sin límite: hay que utilizar lo que comemos. Todo lo que absorbemos ha de ser utilizado.
Eso es muy difícil cuando no hay actividad. Hay muchos tipos de actividad: la actividad física permite dar más; la intelectual (el pensamiento) también lo es, pero es más difícil de controlar; la más fácil es la física.
Hay que cocinar, comprar los alimentos, organizar la cocina, controlar los fogones...
Estás produciendo algo y eso se llama creación. La creatividad no tiene que ser algo artístico. Está en la Naturaleza. La hierba, los árboles son creativos: crean hojas, flores, granos, semillas. Los animales crean movimiento. Cuando ves un animal, ves una energía bastante armoniosa. 
Hacer algo nos alimenta. La cocina natural se la tiene que hacer cada uno. Cada día hay que preparar algo. Un mínimo de una hora al día, que no es demasiado. Cocinar es una forma de alimentarse.
Casi todo es mental. Lo que oímos produce una reacción: la cabeza trabaja permanentemente. Siempre estamos pensando algo o recuerdos, etc. Esta actividad mental nos mantiene, pero puede complicarse, puede convertirse en una enfermedad.
La alimentación nos puede dar la vida pero también nos puede poner enfermos o volver locos. Se trata de las enfermedades mentales, que son complicadas. Por eso algunas filosofías hablan de ellas. Si hay una palabra, hay actividad mental. Si dormimos, la actividad mental puede desaparecer, pero no es seguro. Cuando sueñas, cuando te mueves mientras duermes, significa que la actividad mental continúa. Sólo con el sueño perfecto la actividad mental disminuye, y eso es reparador, es una energía sin límite.
Volvemos a la respiración. Al final de la espiración, hay un momento en que no queda nada. Hay que experimentarlo, hacerlo y observar. Es como la playa: el agua avanza y el agua se retira. Ves la playa limpia. Si haces un dibujo en la arena, ocurre lo mismo con la respiración: hay una playa. Es el momento en que sentimos el apetito de aire. Inspiras y el aire te alimenta. Hay algo más, el origen de la respiración: el apetito cuando no hay nada. Siempre hay dos lados: el cielo y la tierra, el hombre y la mujer; siempre dos contrarios pero al mismo tiempo está el origen de esos dos polos antagónicos. La Macrobiótica combina el yin y el yang. Hay que intentar saber de dónde viene esto. En el mundo de las polaridades hay contradicciones, oposiciones; pero el Origen de esto no tiene oposición. Son cosas muy naturales. Basta con buscar una alimentación lo más natural posible. Cuando hay un problema, no siempre es necesario reflexionar o preocuparse, o especular. Es necesario simplemente dejar hacer. La alimentación macrobiótica es detener la locura.

Gracias, Daniel, por estas reflexiones. Intentaremos no pensar mucho en ellas...

Bien, espero que al menos sí se acuerden de respirar la próxima vez que coman.

¡Salud a todos!

martes, 14 de julio de 2015

Una alternativa perfecta a los lácteos

Semanas atrás, se popularizó un anuncio en los medios de Cataluña, donde resido, que llevaba un título tan sugerente ("Ningún niño sin bigote") como la imagen que lo ilustraba: la cara simpática de un niño mostrando un bigote de leche muy acentuado.

Se hacía un llamamiento con un fuerte impacto mediático a la necesidad de invertir fondos --públicos y privados-- para la compra y distribución masiva de ese producto animal por su tradicional aporte de calcio a los huesos y dientes de nuestros más pequeños.

Bien, pues yo quiero anunciar desde mi modesta tribuna a quien quiera oír que 100 gramos de sésamo (ajonjolí en América) aportan más de 750 gramos de calcio. Comparando esta cifra con los 120 gramos que aportan 100 cc de leche, o los 250 mg de calcio por 100 gramos de almendras, deducirán que ese diminuto grano --se le considera un fruto seco-- ha de tener un papel importante en la dieta de todos nosotros y por supuesto de nuestros hijos.

Así que, la próxima vez que te preguntes ¿le puedo dar a mi niño algo que sea bueno y que le dé mucho calcio?, ya tienes la respuesta. Y te ahorrará muchos dolores de cabeza a ti y muchos mocos a tu hijo.

¿Cómo se lo puedes dar?
Son varias las formas en que puede tomarse. Pero cualquiera de ellas ha de contar con una condición importante: la asiduidad. Hay que tomarlo todos los días, en una u otra modalidad si quieres sentir los efectos.

1ª) Gomasio: es un preparado a base de sésamo tostado, al que se le añade sal marina (sin refinar) también tostada (por separado) --vigilando que el sésamo no se queme, pues es muy delicado; así que hay que remover sin parar en la sartén sin aceite--, y luego se tritura todo junto en la proporción de 1 cucharada rasa de sal por 7 cucharadas de sésamo tostado (puede tener menos sal si es para niños solamente), en un mortero normal o uno especialmente indicado para ello, llamado suribachi (tiene unas estrías en los lados que ayudan a triturar). Esta manera de prepararlo hace que la sal entre en el sésamo y ambos alimentos juntos se adhieren mejor a los huesos y de paso rebajan la acidez de la sangre. Una buena medicina. También lo venden en tiendas especializadas, pero lo puedes hacer tú en casa, es muy fácil y lo tendrás más fresco.

2ª) Tahín: es un puré o crema de sésamo (ajonjolí) que venden ya preparado. Es conveniente comprarlo en una tienda de productos naturales. Tiene una concentración muy espesa de sésamo, que hace las delicias de los niños untado sobre una tortita de arroz o una tostada. Tiene otra ventaja: es un buen sustituto de la mantequilla, por la cantidad de grasa que contiene. Si lo utilizas a menudo, pronto notarás que desaparece el antojo de tomar leche. ¡Es increíble! Nota: los adultos tómenlo con moderación, por la cantidad de grasa.

3ª) Se pueden verter ocasionalmente unos granos de sésamo sobre las galletas cocinadas en casa o las croquetas de cereales, antes de freír (ver mis otras recetas en el blog).

En fin, cuando descubras las virtudes y las ventajas de comer sésamo, no querrás que nunca falte en tu cocina.

Mi lema de hoy sería:

¡Ningún niño sin sésamo!


lunes, 11 de mayo de 2015

Lecciones en Cuisine et Santé: El poder del cambio

He tenido la gran oportunidad de pasar nueve formidables días en Cuisine et Santé, el centro macrobiótico que fundó René Lévy --discípulo de Georges Ohsawa-- en el sur de Francia.

Y no puedo hacer más que testimoniar la renovadora experiencia de esta ciencia alquímica, ya que después de haber ido otras tantas veces a este santuario de la macrobiótica, algunas en vida de René, he revivido maravillada el buen funcionamiento y la vitalidad del centro cinco años después de que su fundador dejase este mundo.

Así es. Daniel Salens, colaborador de René durante treinta años, y habitual cocinero durante largos períodos, dirige con notable profesionalidad y profundo conocimiento las charlas matutinas y vespertinas que denominan "conference". Sus palabras rezuman el poso de sabiduría heredada de René tras pasar años traduciendo las clases del maestro, y sobre todo la huella indeleble que ha dejado la práctica de la macrobiótica en su piel y su aligerado cuerpo. Y todo ello con gran sencillez y humildad.

Daniel explicó con claridad que el hombre está hecho de los cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra. Es una expresión del principio único, que asimila al ser himano con la Naturaleza de la que forma parte. Como no podemos ingerir los cuatro elementos directamente, la Naturaleza nos los proporciona por medio de los vegetales, constituidos principalmente por un compuesto: la clorofila, que por los propios mecanismos de la física y la química se transmuta de verde en el rojo de la sangre. Así es como nos alimentamos del Sol.

También mencionó que beber poco, hábito recomendado por la macrobiótica, significa no beber mecánicamente. Eso es lo que sucede en la hilera de actividades sociales que llenan hoy día nuestra agenda. ¿Qué haces cuando vas a casa de alguien? Te ofrece algo de beber. ¿Qué haces cuando te reúnes con alguien por trabajo o por ocio? Tomas una bebida, quizás un refresco, un café o un té. No se te pasa por la cabeza si tienes sed. Es un acto tan adherido a nuestra cultura, que se convierte en mecánico. Es hora de tomar conciencia de lo que depositamos en nuestra boca.

Un efecto interesante --prosigue Daniel-- es que al beber más, la sangre se diluye y eso nos puede llevar a tener menos glóbulos rojos, esto es, la anemia.

Otra aportación interesante relacionada con la anterior: la proteína en exceso debilita los músculos, en concreto, los músculos de las piernas se llenan de agua, y de ahí esa sensación de hinchazón en las extremidades inferiores, que son yang, por un elemento yin por excelencia: el agua. Yin atrae yang. Yang atrae yin.

En realidad, no nos sentimos mejor por los alimentos macrobióticos que comemos: lo que nos hace sentir bien es que HEMOS CAMBIADO. Y ¿cómo hacemos para cambiar? A partir del cereal. Volver al cereal integral nos hace regresar al centro. De ahí el énfasis del cereal --principalmente el arroz-- en la dieta. Comer el cien por cien de cereal (régimen nº 7) sirve para alcanzar el equilibrio, que tal vez no somos capaces de conseguir con otras dietas o regímenes. Y en realidad algo pasa en el cuerpo cuando lo asimilamos. René decía que cuanto  más complicada la salud, más sencilla tenía que ser la dieta. Es una maravilla recordar de nuevo que a partir del cereal es más fácil cambiar.

Pero ¿cuándo tenemos que cambiar? Daniel nos explica que tenemos que adaptar la alimentación cada día. Porque lo que nos va bien hoy tal vez tengamos que modificar mañana. Ésta es una afirmación liberadora. Escuchemos siempre nuestro cuerpo.

Próximamente hablaremos sobre un tema muy interesante que también se abordó en Cuisine et Santé: el cambio de nuestros pensamientos y de nuestra conciencia mediante la alimentación.


¡Paz y felicidad a todos!

miércoles, 15 de abril de 2015

Una hamburguesa que parece de carne... ¡pero no lo es!

Entonces, ¿qué es? Es una hamburguesa hecha con grano de trigo sarraceno amasado con grano de mijo, cocidos aparte.

Y lo que parece ketchup, tampoco lo es. Es una salsa a base de remolacha, zanahoria y puerro, cocidos juntos.

El pan de pita, está hecho con harina blanca ecológica y harina de cebada ecológica (en proporción de 5 a 1) y sin levadura, como se hacía antes.

La mayonesa, en este caso sí tiene huevo, y un poco de ajo, No es un invento suyo, pero esta es una receta de mi marido, a quien le encanta, y por tanto ha hecho de ésta una de sus especialidades. Se llama "allioli" que es una palabra catalana cuyo significado es "ajo y aceite"; creo que es una de las pocas palabras exportadas del catalán al resto del mundo, y doy fe de que en los Estados Unidos la conocen y la degustan.



Y hablando de maridos, creo que me voy a ganar algo del cielo complaciendo el paladar del mío, lo digo en serio...

La cuestión es que le ha encantado la hamburguesa y no ha dejado de proferir elogios.

En definitiva, un plato sencillo, realizado con ingredientes sanos y naturales, mucho más económicos que si hubiera sido de carne. ¡Dejemos a las vacas y a sus maridos vivir en paz!

viernes, 16 de enero de 2015

A propósito de la abundancia y el vivere parvo

Permítaseme un comentario a raíz de una interesante película que vi pocos días atrás: Boyhood. Por cierto, la recomiendo encarecidamente.

La peli narra diversas etapas de un jovencito desde que era niño (5 años aproximadamente) hasta que cumple 18, con toda la problemática que debe afrontar a causa de dos divorcios de su madre, varias mudanzas junto con su hermana y las peleas de su madre con los maridos que tuvo. Todo ello en un escenario cabría decir claramente caracterizado por la típica vida americana: afición al fútbol americano, a los perritos calientes y a las excursiones de fin de semana asando marshmallows al calor de la leña ardiendo.
En un clímax, hacia el final, tras mudarse la mamá a un apartamento y en la escena de la despedida de su hijo que abandona el nido para ir a la universidad, ella solloza al verle partir y descubrirse sola, de vuelta al punto de partida. En ese momento se lamenta en voz alta diciendo:

--Me he pasado media vida acumulando cosas para pasar la segunda mitad de la vida deshaciéndome de ellas.

Sabia conclusión. Sobre todo cuando piensa --y tú lo ves en menos tiempo que ella-- que se ha pasado casi veinte años luchando denodadamente para sacar adelante ella sola dos hijos y pagar casas, coches, hipotecas, y un largo etcétera.

Así es para la mayor parte de ciudadanos de hecho o de derecho que residen en los Estados Unidos. La sutil crítica a esa vida que subyace en la película es el hilo conductor al tema que traigo a colación y es un concepto diría básico de la macrobiótica. Vivere parvo. Esto es, una vida sencilla, casi pobre, entendida en el marco de lo que en Occidente podemos llamar "pobreza que no tiene nada que ver con su primo lejano de la India o Africa.

Incluso he descubierto que el vivere parvo que practican los macrobióticos de Europa dista del de los Estados Unidos, donde los parámetros de riqueza y abundancia sobrepasan a todo ser humano en el resto del planeta, según he podido comprobar, o así me lo parece. De cualquier modo, cada uno ha de meditar en los principios del Tao que se erigen en fundamento de este principio axiomático y aplicarlo en su vida en la medida de lo que desee abrazar su esencia. Porque abrazar el Tao es abrazar la esencia del Todo, del Uno. Con eso basta. No hace falta mucho más alrededor.

Y a propósito de los macrobióticos del continente americano, debo hacer mención de la reciente pérdida del seguidor de Ohsawa que más esfuerzos dedicó a la difusión de la macrobiótica allá: Michio Kushi, que falleció el pasado 28 de diciembre a los 88 años. Nuestras oraciones están con él y con su familia. Descanse en paz.

Próximamente comentaré más recetas. Disfruten del invierno que nos refresca por fuera y nos calienta por dentro.

viernes, 9 de enero de 2015

¡Feliz 2015! ...Continúo con una paella ¡de las auténticas!

Quiero aprovechar la ocasión para felicitar el año nuevo desde Barcelona con un regalo: una paella de pescado y marisco, como la que puedes ver en la foto, que me he comido hoy. Ojalá nuestros amigos y amigas allende los mares (atlánticos) pudieran compartirla con nosotros. Y es que no me canso de repetirles: ¡vengan a España! Aunque sólo sea una vez en la vida, para probar este delicioso plato. Después caminen por las populosas calles de cualquier ciudad, y el paseo logrará el acomodo perfecto del plato en su sistema digestivo. Entren en la Sagrada Familia, en la impresionante basílica de Santa María del Mar, y recen un Avemaría por las almas de este mundo, para que Dios les dé, nos dé sabiduría a todos a fin de acabar con el horror y la violencia de unos pocos que crean pánico, caos y asesinato como ha ocurrido esta semana en París, Francia. Demos gracias a Dios por un año más, por la oportunidad de alzar nuestras voces y nuestras copas al cielo, y con una sonrisa en el corazón, digamos juntos: ¡Gracias, Dios mío, por la oportunidad de la vida! ¡No la desperdiciaré ni un día más, ni un año más llenándome la panza y despreocupándome de mi integridad, de mi salud, de las de mis hijos, mis amigos, del prójimo! Porque yo soy el Uno, y todos somos Uno.

Gracias a ti por escuchar, por leer estas sencillas líneas que me salen del alma.

Bienvenidos de nuevo. Welcome back!