domingo, 24 de mayo de 2020
Menú de celebración: lasagna macrobiótica con salsa bolognesa sin carne y tarta de chocolate de algarroba
Aun en tiempos aciagos como los que corren, siempre hay alguna cosa que celebrar, aunque sea el fin del confinamiento, después de dos meses y medio...
Si a ello le sumamos que, por ejemplo, cumples años, tú o un ser querido, sobre todo si convives con él, entonces la dicha de cocinar algo sano y sabroso --ambas cualidades perfectamente compatibles--, será doblemente memorable.
En este caso, el plato estrella elegido es una lasagna casera. ¿Qué quiere decir 'casera'? Pues que, partiendo de los ingredientes de base, todo está elaborado en la cocina de tu casa, desde la masa de la lasagna hasta la salsa 'bolognesa' y la bechamel.
Veamos. La base se puede hacer con harina de trigo amasada y cortada en tiras anchas (de unos tres dedos) y un palmo de largas; lo que se adapte a la bandeja de horno que vayas a utilizar. Luego se hierven en una olla ancha, vigilando que no se doblen las tiras. ¡Ojo! Hay que echarlas al agua una vez esté hirviendo. Tienen que hervir un tres o cuatro minutos cada pieza. Las vas retirando y poniendo en una bandeja a medida que las vayas sacando. Tienes que calcular que la cantidad de láminas que vas a necesitar tiene que ser las que cubran la base de la bandeja de horno, y, cuando le habrás puesto la bolognesa dentro, otra capa de láminas encima, sin dejar espacios entre medio.
Mientras tanto puedes poner a remojar soja texturizada, que hace las veces de carne, porque obviamente no la hacemos con carne. La soja texturizada es un invento excelente para hacer salsa bolognesa, como la que vamos a utlizar en versión macrobiótica para nuestra elaboración de hoy.
En otro contenedor pones remolacha ya cocida cortada a trozos y le añades una cucharada grande de umeboshi, un chorro de aceite virgen de oliva, una pizca de sal y un chorro de tamari. Le echas agua hasta cubrirlo y lo trituras. Puedes añadirle unas hierbas provenzales para aromatizar. Te quedará una salsa de color rojo intenso, rubí.
Pones en una sartén, a la que has echado aceite de oliva en toda la base, la soja remojada (colada si ha quedado agua), una pizca de sal y lo remueves hasta que va adquiriendo un tono dorado. En unos minutos, cuando ya esté dorada, la retiras del fuego.
Cuando tengas las tiras de masa de harina listas, ya hervidas, y sacadas, las dispones en la bandeja de horno una al lado de otra sin dejar espacios entre medio. Luego juntas la salsa de remolacha con la soja texturizada y lo mezclas bien; lo depositas en encima de las láminas de harina hervida hasta cubrirlas todas y encima pones las restantes láminas.
Para la bechamel, haces un poco de crema de harina de arroz o de trigo sarraceno hervida en cinco porciones de agua durante quince minutos y la echas por encima de las láminas superiores. Puedes añadirle un poco de nuez moscada rallada. Le echas por encima un chorrito de tamari y un poco de aceite de oliva por las esquinas. Puedes poner un poco de romero por encima cortado a trocitos, opcionalmente. Y ¡listo! Puedes acompañar este plato con una ligera crema de calabaza templada y una ensalada refrescante si hace calor!!!
De postre, una tarta de chocolate de algarroba con avellanas picadas y endulzado con dátiles hervidos y triturados. La base de harinas es de copos de avena, harina de maíz, de trigo integral y un poco de harina de trigo sarraceno, que lo hará más digestivo. También puedes añadir un poco de cáscara de naranja rallada. Importante: No lleva azúcar. Puedes decorar la tarta con unos pedacitos de fresa y de naranja.
¡Feliz domingo y feliz celebración!
miércoles, 8 de abril de 2020
Macrobiótica para tu mascota: comida y tratamientos naturales para pulgas y gingivitis gatos
Veo con gran pesar en las noticias que en algunos países se han dedicado a disparar a perros y gatos o a envenenarlos para evitar la transmisión del virus de moda, que tiene nombre de robot: el covid-19. Sospecho que algo de robot tiene y me cuesta admitir que sea un virus creado por la naturaleza; más bien me inclino a pensar, como muchos, que es un engendro de laboratorio. La veterinaria de mis gatos dice a este respecto que no hay evidencia de que sean transmisores; simplemente les han inoculado el virus y, por supuesto, han dado positivo (brilliant!); una señora que era positiva le contagió el virus a su gato (no al revés), pero no está claro que los cuadros respiratorios de gatos sean del covid-19. Y tampoco está claro que su sistema "enferme" de ese virus. Total: no hay que buscar culpables en seres inocentes y mucho menos ensañarse con ellos por falta de datos claros y corroborados sobre este espinoso asunto que va a dar de que hablar durante muuucho tiempo, me temo.
Como saben quienes me conocen, soy fiel protectora de las mascotas, que me han dado tanto solaz y cariño desde hace muchos años; los gatos, concretamente. Pero no importa, me inspiran igual ternura los perros (siempre y cuando no amenacen con sus fauces a un lindo minino), los conejos, las ovejas o las vacas, a las que saludo y lanzo palabras de amor cuando las veo paseando por la montaña. Por si acaso, miro siempre alrededor para que no haya algún agente rural o psiquiatra merodeando... y me tome una foto o un vídeo y lo haga viral: "la última locura de ermitaños y almas compungidas, que vagan por parajes naturales diciendo palabras amorosas a terneros y vacas".
Soy de los que piensa que lo que mandas te viene de vuelta, ya sean palabras, pensamientos o actos. Así que practico con esos mamíferos que me inspiran paz y tranquilidad con su lento y paciente rumiar; y me recuerdan uno de los principios de la macrobiótica: masticar y masticar. Quién lo iba a decir, que la vaca fuera uno de los primeros mamíferos macrobióticos. Husmea y arranca poco a poco la hierba que va masticando, y sigue ejercitando sus mandíbulas horas y horas, sin tener que acudir al dentista del pueblo, tomen nota. Eso sí: no come carne, salvo la que le inyectan algunos ganaderos o profesionales de la ganadería sin escrúpulos que supeditan la sabia naturaleza de este animal a las fauces de la industria cárnica, la cual necesita producir carne a la velocidad de la luz. Parece que actualmente, sin embargo, está cambiando un poco esta tendencia; ojalá que no sea una moda pasajera.
En mi casa se come macrobiótica; y los que tienen la paciencia de leer mis comentarios de este blog habrán visto algunos de los platos que cocinamos en nuestra cocina alquímica. Gracias por el tiempo.
Los únicos que comen carne en casa son los gatos, pues no alteramos su constitución y su conciencia carnívora, pero sí les mezclamos la latita de paté con un poco de avena remojada en agua tibia y una pizca de sal marina; con eso alimentamos a varios de una vez con un plato templado. Por supuesto, tienen la cazuela con sus bolitas, que compro por internet en sacos de 12 kg. La oferta de este producto de comida seca en internet es ingente.
Si tienes mascotas dentro de casa, te recomiendo que evites latas con azúcares añadidos; una vez más, hay que leer la lista de ingredientes. Si compras buen producto a granel o en cantidades grandes, siempre ahorrarás algo, sobre todo en visitas al veterinario. Con los animalitos pasa como con las personas: los malos hábitos alimenticios y los abusos del pasado pasan factura a la larga o a la corta...
También puedes buscar soluciones creativas. Yo, por ejemplo, cuento con la generosidad de una amante de los gatos, como yo, que tiene una parada en un mercado de barrio, y me guarda pedacitos de pollo que le sobran de las ventas del día; es carne fresca y tiene un olor y un sabor que hace las delicias de los felinos de fuera de mi casa, a los que también alimento. No me cuesta dinero y es producto que de todas maneras se iría a la basura; así que lo reciclo y todos contentos. Las partes amarillas se van para los que viven fuera, pues son pura grasa y les va bien para combatir el frío. La parte de carne, que corto y separo, la doy a trocitos a los de dentro, en pocas cantidades si son de avanzada edad. Hay que estar atento al estado y la edad del animal, pues sus necesidades cambian, como nos ocurre a los humanos. Utilizar el discernimiento es la mejor herramienta, en este caso.
En cuanto a la higiene de la mascota, voy a referirme a los gatos, que es el animal que conozco y trato.
El gato es un animal muy limpio por naturaleza, y las hembras lo son mucho más. Se lamen y, con este hábito, ya consiguen la parte más importante de su higiene. Yo los lavo solo de vez en cuando, sobre todo a los más jovencitos, que se restriegan por fuera o se suben a la chimenea y se les pegan cenizas y polvo en cantidad. Un jabón neutro es suficiente; no hace falta comprar productos específicos ni nada de eso. A los gatos mayores es mejor no marearlos mucho; quieren tranquilidad: hay que recordar que el gato es un animal yin, mientras que el perro es yang. Para las orejas, solo si son muy mayores y no se pueden limpiar bien con la patita, yo uso un algodoncito para limpiar los oídos, lo mojo en agua oxigenada y le limpio a mi gata de 14 años despacito y suavemente para retirar la cera que le impregna los oídos por dentro: con mucho cuidado y sujetando con la otra mano al gato para que no se escape.
Cuando se acerca el buen tiempo y acechan estos detestables chupópteros que son las pulgas (lo siento, para mí esos no entran dentro de la categoría de "Naturaleza"), pongo manos a la obra con un un sistema que he descubierto hace poco y que voy a revelar aquí en exclusiva. ¡Ta-chaaaan!
Como me harté de las habituales pipetas (en inglés, spot-on), esos tubitos a base de insecticida que han llenado las arcas de las farmacéuticas veterinarias hasta más no poder, he descubierto un producto que me ahorra mucho dinero y producto químico para mis gatos, pero, eso sí, me toca invertir más tiempo en su aplicación. Se trata de una botellita que combina algunos aceites esenciales que son repelentes naturales (aceite de Neem, árbol de té, geranio, lavanda y citronela). Lo venden en un solo producto en algunas tiendas de productos naturales. Pues bien, tienes que comprar un peine especial para quitar los piojos de la cabeza de los niños (desagradable y difundida plaga en nuestros tiempos, lamentablemente); tiene unas púas largas y muy juntas, de manera que cuando lo pasas por el cabello del niño (en caso de piojos), arrastra el piojo, las liendres y los huevos. En el caso de los gatos, le pones unas gotas en las púas y le pasas el peine despacio por el pelaje, empezando por las zonas más vulnerables a las pulgas: debajo de las orejas, detrás del cuello y vas peinando hasta la cola. En esa zona baja del lomo, antes de empezar la cola, suelen tener las pulgas su inodoro particular, pues notarás que allí depositan unos puntitos negros que son las heces de la pulga.
Si tienes la paciencia de pasarle el peine a lo largo de la columna y luego por los lados e incluso por la cara, te sorprenderá ver como los detestables insectos no pueden escapar a la pesca que realizan esas púas largas y estrechas. Eso sí: debes tener al lado una palangana con agua tibia y un poco de detergente donde vas a ir echando las pulgas y los restos que queden atrapados en el peine; tienes que hacerlo rápido porque, como sabes, la pulga es un animal que se mueve a brincos, y si puede, va a tratar de saltar. Si pones el peine rápidamente en el agua, y empujas hacia fuera la pulga (si no se ha salido al sumergir el peine), la verás moverse unos instantes antes de que el detergente la liquide. Cuidado, no uses solo agua, porque el agua sola no mata las pulgas. Con la otra mano tienes que sujetar al gato para que no se escape: las primeras veces, querrá huir por el miedo; las siguientes, ya estará más acostumbrado y, tal vez te haga como mi Rosi, que afloja las patas ¡y babea con ese "spa" particular que le proporciono!
Este método te va a permitir dos cosas: primera, vas a ir eliminando las pulgas, las larvas y los huevos, dejando el pelaje limpio y cepillado; y segunda, la piel y el pelo del gato quedará impregnado de los aceites esenciales, que harán las funciones de repelente y dejarán un buen olor al felino. Obviamente, a los gatos no les gusta ese olor (es fuerte); y tendrás que actuar con habilidad y sigilo, porque cuando te vean acercarte con la palangana y el peine, echarán a correr. Sin embargo, como tú eres más hábil que tu gato, no dudo que vas a lograr tu objetivo.
Esta técnica funciona, pero requiere que lo vayas repitiendo de vez en cuando; según sea la necesidad o la amenaza. Si observas que se rascan mucho, puede ser señal de que algún bichito les anda chupando. Son aceites esenciales, así que no tienen efectos secundarios porque no contienen productos químicos, al revés que las pipetas, que están formuladas a base de insecticidas. Una vez a la semana o cada quince días debería ser suficiente. Si lo haces para prevenir, tal vez cada tres o cuatro semanas te baste. Si tienes jardín y salen al exterior, la amenaza es mayor que si están dentro sin salir. Observar es la clave. Está claro que el gato al día siguiente se empezará a lamer otra vez porque los gatos quieren oler a gato, no a aceites esenciales; pero tienes la tranquilidad de que no están lamiendo nada químico y a la vez les va a mejorar el aliento. ¡Dos pájaros de un tiro!
Por último, quiero sugerirte un producto macrobiótico para la gingivitis, una dolencia que suele afectar a los gatos de edad, por la falta de higiene bucal y porque, pobrecitos, se pasan el día entero con la boca cerrada. El producto se llama "Dentie", es totalmente natural, y está hecho con berenjena carbonizada (charred eggplant) y sal marina, un genial descubrimiento de Georges Ohsawa. Te pones un poco en el dedo índice y se lo pasas por las encías, frotando ligeramente. La primera vez, quizás te brinque, pero cuando se acostumbre no se moverá. Es totalmente natural, y por tanto no tiene efectos secundarios. Yo lo aplico una vez al día o cada dos días. Es un buen método de higiene bucal.
Bueno, espero que te ayuden estas sugerencias. Estoy a tu disposición, como siempre, para preguntas o comentarios. Me contentaré por ahora con que no comas carne de murciélago...
¡Cuida y ama a tus mascotas! Es nuestra obligación.
Como saben quienes me conocen, soy fiel protectora de las mascotas, que me han dado tanto solaz y cariño desde hace muchos años; los gatos, concretamente. Pero no importa, me inspiran igual ternura los perros (siempre y cuando no amenacen con sus fauces a un lindo minino), los conejos, las ovejas o las vacas, a las que saludo y lanzo palabras de amor cuando las veo paseando por la montaña. Por si acaso, miro siempre alrededor para que no haya algún agente rural o psiquiatra merodeando... y me tome una foto o un vídeo y lo haga viral: "la última locura de ermitaños y almas compungidas, que vagan por parajes naturales diciendo palabras amorosas a terneros y vacas".
Soy de los que piensa que lo que mandas te viene de vuelta, ya sean palabras, pensamientos o actos. Así que practico con esos mamíferos que me inspiran paz y tranquilidad con su lento y paciente rumiar; y me recuerdan uno de los principios de la macrobiótica: masticar y masticar. Quién lo iba a decir, que la vaca fuera uno de los primeros mamíferos macrobióticos. Husmea y arranca poco a poco la hierba que va masticando, y sigue ejercitando sus mandíbulas horas y horas, sin tener que acudir al dentista del pueblo, tomen nota. Eso sí: no come carne, salvo la que le inyectan algunos ganaderos o profesionales de la ganadería sin escrúpulos que supeditan la sabia naturaleza de este animal a las fauces de la industria cárnica, la cual necesita producir carne a la velocidad de la luz. Parece que actualmente, sin embargo, está cambiando un poco esta tendencia; ojalá que no sea una moda pasajera.
En mi casa se come macrobiótica; y los que tienen la paciencia de leer mis comentarios de este blog habrán visto algunos de los platos que cocinamos en nuestra cocina alquímica. Gracias por el tiempo.
Los únicos que comen carne en casa son los gatos, pues no alteramos su constitución y su conciencia carnívora, pero sí les mezclamos la latita de paté con un poco de avena remojada en agua tibia y una pizca de sal marina; con eso alimentamos a varios de una vez con un plato templado. Por supuesto, tienen la cazuela con sus bolitas, que compro por internet en sacos de 12 kg. La oferta de este producto de comida seca en internet es ingente.
Si tienes mascotas dentro de casa, te recomiendo que evites latas con azúcares añadidos; una vez más, hay que leer la lista de ingredientes. Si compras buen producto a granel o en cantidades grandes, siempre ahorrarás algo, sobre todo en visitas al veterinario. Con los animalitos pasa como con las personas: los malos hábitos alimenticios y los abusos del pasado pasan factura a la larga o a la corta...
También puedes buscar soluciones creativas. Yo, por ejemplo, cuento con la generosidad de una amante de los gatos, como yo, que tiene una parada en un mercado de barrio, y me guarda pedacitos de pollo que le sobran de las ventas del día; es carne fresca y tiene un olor y un sabor que hace las delicias de los felinos de fuera de mi casa, a los que también alimento. No me cuesta dinero y es producto que de todas maneras se iría a la basura; así que lo reciclo y todos contentos. Las partes amarillas se van para los que viven fuera, pues son pura grasa y les va bien para combatir el frío. La parte de carne, que corto y separo, la doy a trocitos a los de dentro, en pocas cantidades si son de avanzada edad. Hay que estar atento al estado y la edad del animal, pues sus necesidades cambian, como nos ocurre a los humanos. Utilizar el discernimiento es la mejor herramienta, en este caso.
En cuanto a la higiene de la mascota, voy a referirme a los gatos, que es el animal que conozco y trato.
El gato es un animal muy limpio por naturaleza, y las hembras lo son mucho más. Se lamen y, con este hábito, ya consiguen la parte más importante de su higiene. Yo los lavo solo de vez en cuando, sobre todo a los más jovencitos, que se restriegan por fuera o se suben a la chimenea y se les pegan cenizas y polvo en cantidad. Un jabón neutro es suficiente; no hace falta comprar productos específicos ni nada de eso. A los gatos mayores es mejor no marearlos mucho; quieren tranquilidad: hay que recordar que el gato es un animal yin, mientras que el perro es yang. Para las orejas, solo si son muy mayores y no se pueden limpiar bien con la patita, yo uso un algodoncito para limpiar los oídos, lo mojo en agua oxigenada y le limpio a mi gata de 14 años despacito y suavemente para retirar la cera que le impregna los oídos por dentro: con mucho cuidado y sujetando con la otra mano al gato para que no se escape.
Cuando se acerca el buen tiempo y acechan estos detestables chupópteros que son las pulgas (lo siento, para mí esos no entran dentro de la categoría de "Naturaleza"), pongo manos a la obra con un un sistema que he descubierto hace poco y que voy a revelar aquí en exclusiva. ¡Ta-chaaaan!
Como me harté de las habituales pipetas (en inglés, spot-on), esos tubitos a base de insecticida que han llenado las arcas de las farmacéuticas veterinarias hasta más no poder, he descubierto un producto que me ahorra mucho dinero y producto químico para mis gatos, pero, eso sí, me toca invertir más tiempo en su aplicación. Se trata de una botellita que combina algunos aceites esenciales que son repelentes naturales (aceite de Neem, árbol de té, geranio, lavanda y citronela). Lo venden en un solo producto en algunas tiendas de productos naturales. Pues bien, tienes que comprar un peine especial para quitar los piojos de la cabeza de los niños (desagradable y difundida plaga en nuestros tiempos, lamentablemente); tiene unas púas largas y muy juntas, de manera que cuando lo pasas por el cabello del niño (en caso de piojos), arrastra el piojo, las liendres y los huevos. En el caso de los gatos, le pones unas gotas en las púas y le pasas el peine despacio por el pelaje, empezando por las zonas más vulnerables a las pulgas: debajo de las orejas, detrás del cuello y vas peinando hasta la cola. En esa zona baja del lomo, antes de empezar la cola, suelen tener las pulgas su inodoro particular, pues notarás que allí depositan unos puntitos negros que son las heces de la pulga.
Si tienes la paciencia de pasarle el peine a lo largo de la columna y luego por los lados e incluso por la cara, te sorprenderá ver como los detestables insectos no pueden escapar a la pesca que realizan esas púas largas y estrechas. Eso sí: debes tener al lado una palangana con agua tibia y un poco de detergente donde vas a ir echando las pulgas y los restos que queden atrapados en el peine; tienes que hacerlo rápido porque, como sabes, la pulga es un animal que se mueve a brincos, y si puede, va a tratar de saltar. Si pones el peine rápidamente en el agua, y empujas hacia fuera la pulga (si no se ha salido al sumergir el peine), la verás moverse unos instantes antes de que el detergente la liquide. Cuidado, no uses solo agua, porque el agua sola no mata las pulgas. Con la otra mano tienes que sujetar al gato para que no se escape: las primeras veces, querrá huir por el miedo; las siguientes, ya estará más acostumbrado y, tal vez te haga como mi Rosi, que afloja las patas ¡y babea con ese "spa" particular que le proporciono!
Este método te va a permitir dos cosas: primera, vas a ir eliminando las pulgas, las larvas y los huevos, dejando el pelaje limpio y cepillado; y segunda, la piel y el pelo del gato quedará impregnado de los aceites esenciales, que harán las funciones de repelente y dejarán un buen olor al felino. Obviamente, a los gatos no les gusta ese olor (es fuerte); y tendrás que actuar con habilidad y sigilo, porque cuando te vean acercarte con la palangana y el peine, echarán a correr. Sin embargo, como tú eres más hábil que tu gato, no dudo que vas a lograr tu objetivo.
Esta técnica funciona, pero requiere que lo vayas repitiendo de vez en cuando; según sea la necesidad o la amenaza. Si observas que se rascan mucho, puede ser señal de que algún bichito les anda chupando. Son aceites esenciales, así que no tienen efectos secundarios porque no contienen productos químicos, al revés que las pipetas, que están formuladas a base de insecticidas. Una vez a la semana o cada quince días debería ser suficiente. Si lo haces para prevenir, tal vez cada tres o cuatro semanas te baste. Si tienes jardín y salen al exterior, la amenaza es mayor que si están dentro sin salir. Observar es la clave. Está claro que el gato al día siguiente se empezará a lamer otra vez porque los gatos quieren oler a gato, no a aceites esenciales; pero tienes la tranquilidad de que no están lamiendo nada químico y a la vez les va a mejorar el aliento. ¡Dos pájaros de un tiro!
Por último, quiero sugerirte un producto macrobiótico para la gingivitis, una dolencia que suele afectar a los gatos de edad, por la falta de higiene bucal y porque, pobrecitos, se pasan el día entero con la boca cerrada. El producto se llama "Dentie", es totalmente natural, y está hecho con berenjena carbonizada (charred eggplant) y sal marina, un genial descubrimiento de Georges Ohsawa. Te pones un poco en el dedo índice y se lo pasas por las encías, frotando ligeramente. La primera vez, quizás te brinque, pero cuando se acostumbre no se moverá. Es totalmente natural, y por tanto no tiene efectos secundarios. Yo lo aplico una vez al día o cada dos días. Es un buen método de higiene bucal.
Bueno, espero que te ayuden estas sugerencias. Estoy a tu disposición, como siempre, para preguntas o comentarios. Me contentaré por ahora con que no comas carne de murciélago...
¡Cuida y ama a tus mascotas! Es nuestra obligación.
sábado, 4 de abril de 2020
Menús con cereales y vegetales para el confinamiento (mijo, bulgur, calabaza, azukis, ensaladas...)
Siguiendo con nuestros menús para estas fechas en que es nuestra responsabilidad individual quedarnos en casa para no contagiar no ser contagiados, paso a compartir unos platos sencillos pero apetitosos para el día a día.
Tiempo de preparación: una hora más o menos. Quizás te parezca mucho, pero si lo piensas, es menos del tiempo que dedicas todos los días a ir y venir de tu lugar de trabajo. Para los que se han quedado en casa, se trata de hacer una pausa en su trabajo de oficina u ocupación con niños, casa, etc, para ponerse a cocinar. Para quienes tengan que salir de todos modos a trabajar fuera de casa, pues lo pueden preparar cuando regresen y llevarse una parte para el almuerzo del día siguiente. Es un tiempo muy bien invertido, tengo que admitir, porque se trata de un tiempo dedicado a tu salud y bienestar y de los tuyos; y esto ya hemos visto que ha pasado a ser una prioridad number ONE en estas semanas; y lo seguirá siendo unas cuantas más, me parece...
Bueno, que no cunda el pánico. Vamos a ver los platos y a pensar en eso que a todos o casi nos gusta, que es sentarnos delante de un hermoso plato de comida sana y rica. Veamos.
Primer plato: Tarta de mijo, círculo de calabaza con ensalada de anacardos, azukis (beans) y tortita casera con ensaladilla de zanahoria y nabo. Observa que esta es una manera de aprovechar lo que te ha sobrado el día antes, en este caso, la ensaladilla de zanahoria y nabo. De esta manera, no echamos a la basura lo que nos ha sobrado el día antes; se guarda perfectamente de un día al otro y lo puedes presentar en otro plato con otra forma. Aquí, puesto encima de una tortita de pan hecho en casa, como ejemplo.
La sopa es de los vegetales cocinados el día antes, hervidos con agua y triturados.
Segundo plato: sopa de lentejas rojas con un poco de hinojo y calabaza. El cereal del día es bulgur con trigo sarraceno.
Tercer plato: Ensaladilla de nabo con zanahoria y mayonesa casera. Se le puede añadir un poco de atún de lata si se desea.
Tiempo de preparación: una hora más o menos. Quizás te parezca mucho, pero si lo piensas, es menos del tiempo que dedicas todos los días a ir y venir de tu lugar de trabajo. Para los que se han quedado en casa, se trata de hacer una pausa en su trabajo de oficina u ocupación con niños, casa, etc, para ponerse a cocinar. Para quienes tengan que salir de todos modos a trabajar fuera de casa, pues lo pueden preparar cuando regresen y llevarse una parte para el almuerzo del día siguiente. Es un tiempo muy bien invertido, tengo que admitir, porque se trata de un tiempo dedicado a tu salud y bienestar y de los tuyos; y esto ya hemos visto que ha pasado a ser una prioridad number ONE en estas semanas; y lo seguirá siendo unas cuantas más, me parece...
Bueno, que no cunda el pánico. Vamos a ver los platos y a pensar en eso que a todos o casi nos gusta, que es sentarnos delante de un hermoso plato de comida sana y rica. Veamos.
Primer plato: Tarta de mijo, círculo de calabaza con ensalada de anacardos, azukis (beans) y tortita casera con ensaladilla de zanahoria y nabo. Observa que esta es una manera de aprovechar lo que te ha sobrado el día antes, en este caso, la ensaladilla de zanahoria y nabo. De esta manera, no echamos a la basura lo que nos ha sobrado el día antes; se guarda perfectamente de un día al otro y lo puedes presentar en otro plato con otra forma. Aquí, puesto encima de una tortita de pan hecho en casa, como ejemplo.
La sopa es de los vegetales cocinados el día antes, hervidos con agua y triturados.
Segundo plato: sopa de lentejas rojas con un poco de hinojo y calabaza. El cereal del día es bulgur con trigo sarraceno.
Tercer plato: Ensaladilla de nabo con zanahoria y mayonesa casera. Se le puede añadir un poco de atún de lata si se desea.
lunes, 30 de marzo de 2020
Menús con pescado para el fin de semana
El viernes es el día en que suelo ir a comprar pescado, porque es fresco y lo comemos una vez por semana. Es un hábito bastante común entre los macrobióticos que no somos cien por cien vegetarianos. Lo aprendí en Cuisine et Santé, centro macrobiótico en Saint Gaudens (Francia) donde uno aprende macrobiótica de la original, la que enseñó Ohsawa, su fundador.
Cuidado con esto. El pescado que comemos no pasa a ser el centro de nuestra alimentación, que sigue siendo el cereal en sus muchas variedades. Simplemente nos queremos dar el gusto de comerlo y lo hacemos una o dos veces por semana, porque en la macrobiótica se minimiza el consumo de productos animales y se maximiza el de cereales y vegetales.
También quiero decir que el pescado que compremos ha de ser preferiblemente fresco (es decir, que se ha pescado en el último día, no que esté muy frío o congelado), y de buena calidad. Ya he advertido otras veces que hay que mirar que los ojos del pescado se vean brillantes, casi vivos, porque eso es también señal de frescura. En España por suerte somos bastante afortunados en este sentido. En otros países..., bueno, hay que tratar por todos los medios de que sea fresco y si se tienen dudas serias de que no lo es, pues yo casi preferiría no consumirlo. La experiencia me ha demostrado que la apariencia del supermercado o lo caro de sus productos no son garantía de mucho, en cuanto a frescura y calidad se refiere. Más bien presta atención al aspecto del pescado y a sus ojos. Y si cuando te acercas a la pescadería percibes un olor un poco rancio o raro... ¡date media vuelta y déjalo para otro día! Esta es mi sincera opinión. Cada cual que decida según su mejor criterio.
Hecha esta aclaración, paso a mostrar ya los platos que he cocinado este fin de semana con el pescado que compré: calamares, mejillones y sardinas: bueno, bonito y barato.
El primero es spaghetti frutti di mare: con calamares y mejillones. Se cuecen por separado, obviamente, y luego se juntan en una sartén para que se unan los sabores. Si el pescado es bueno, hay que dejar que su sabor predomine en el plato y, por tanto, evitar sazones que opacan el sabor que queremos que predomine en el plato.
Lo podemos acompañar con una ensalada verde (esta tiene unos trocitos de hinojo y aceitunas verdes).
El segundo es risotto con calamares. También se cocinan por separado y solo se juntan al final unos minutos para ensamblar sabores. El arroz, por supuesto, integral. Ya he comentado en otros artículos la necesidad de que el arroz sea integral y nunca blanco. Este es mejor echarlo a los pájaros, que estos días sin turistas ni transeúntes andan un poco hambrientos.
Lo acompañamos con una sopa ligera de avena y kale.
El tercer plato es sardinas cocinadas al horno, solo con sal (marina) y un chorrito de aceite de oliva virgen. Estos platos se pueden aliñar con un poco de ajo y perejil. Para acompañar a las sardinas, he cocinado cuscús integral macerado con calabaza, unos nachos estilo "joseluís" y un poco de ensalada verde. De primero, sopa de calabacín (zucchini), chirivía y cebolla.
Para quien quiera un plato vegetariano, las opciones que presento seguidamente son hamburguesa de mijo con kale y tortitas estilo "joseluís" y ensalada de fusilli con coliflor y salsa de remolacha. y, por supuesto, los acompañamientos del pescado sirven como plato vegetariano.
Hay para elegir. ¡Buen provecho!
Cuidado con esto. El pescado que comemos no pasa a ser el centro de nuestra alimentación, que sigue siendo el cereal en sus muchas variedades. Simplemente nos queremos dar el gusto de comerlo y lo hacemos una o dos veces por semana, porque en la macrobiótica se minimiza el consumo de productos animales y se maximiza el de cereales y vegetales.
También quiero decir que el pescado que compremos ha de ser preferiblemente fresco (es decir, que se ha pescado en el último día, no que esté muy frío o congelado), y de buena calidad. Ya he advertido otras veces que hay que mirar que los ojos del pescado se vean brillantes, casi vivos, porque eso es también señal de frescura. En España por suerte somos bastante afortunados en este sentido. En otros países..., bueno, hay que tratar por todos los medios de que sea fresco y si se tienen dudas serias de que no lo es, pues yo casi preferiría no consumirlo. La experiencia me ha demostrado que la apariencia del supermercado o lo caro de sus productos no son garantía de mucho, en cuanto a frescura y calidad se refiere. Más bien presta atención al aspecto del pescado y a sus ojos. Y si cuando te acercas a la pescadería percibes un olor un poco rancio o raro... ¡date media vuelta y déjalo para otro día! Esta es mi sincera opinión. Cada cual que decida según su mejor criterio.
Hecha esta aclaración, paso a mostrar ya los platos que he cocinado este fin de semana con el pescado que compré: calamares, mejillones y sardinas: bueno, bonito y barato.
El primero es spaghetti frutti di mare: con calamares y mejillones. Se cuecen por separado, obviamente, y luego se juntan en una sartén para que se unan los sabores. Si el pescado es bueno, hay que dejar que su sabor predomine en el plato y, por tanto, evitar sazones que opacan el sabor que queremos que predomine en el plato.
Lo podemos acompañar con una ensalada verde (esta tiene unos trocitos de hinojo y aceitunas verdes).
El segundo es risotto con calamares. También se cocinan por separado y solo se juntan al final unos minutos para ensamblar sabores. El arroz, por supuesto, integral. Ya he comentado en otros artículos la necesidad de que el arroz sea integral y nunca blanco. Este es mejor echarlo a los pájaros, que estos días sin turistas ni transeúntes andan un poco hambrientos.
Lo acompañamos con una sopa ligera de avena y kale.
El tercer plato es sardinas cocinadas al horno, solo con sal (marina) y un chorrito de aceite de oliva virgen. Estos platos se pueden aliñar con un poco de ajo y perejil. Para acompañar a las sardinas, he cocinado cuscús integral macerado con calabaza, unos nachos estilo "joseluís" y un poco de ensalada verde. De primero, sopa de calabacín (zucchini), chirivía y cebolla.
Para quien quiera un plato vegetariano, las opciones que presento seguidamente son hamburguesa de mijo con kale y tortitas estilo "joseluís" y ensalada de fusilli con coliflor y salsa de remolacha. y, por supuesto, los acompañamientos del pescado sirven como plato vegetariano.
Hay para elegir. ¡Buen provecho!
miércoles, 25 de marzo de 2020
Un menú para cada día de confinamiento: mi pizza macrobiótica
Ahora que pasamos muchas horas en casa, y ya que me toca inventarme platos un día tras otro, me he propuesto compartirlo con nuestras amigas y amigos hasta donde me llegue la capacidad y la inventiva, por si a alguien le sirve.
Pues bien, hoy he cocinado lo siguiente:
-Sopa de garbanzos
-Wrap de huevo con arroz integral
-Mi pizza macrobiótica (este es el plato estrella del día)
-Ankaké de zanahorias con kuzu
-Ensalada de rabanitos crudos con algas arame en vinagreta de umeboshi
Lo del plato estrella es porque a mi hija le encanta la pizza, y se la come muy a gusto. La masa es casera; hecha con harina integral y un puñado de copos de avena para darle una textura más blanda. La salsa no es de tomate, sino de remolacha (más sana y no da acidez como el tomate). Encima, unas lonchas finas de queso de cabra, aceite de oliva y salsa shoyu (de soja natural). Encima del queso le he puesto unos trocitos de calabaza que tenía de ayer. Se puede añadir un poco de orégano o romero fresco, y cebolla o aceitunas negras, pero hoy la he hecho simple porque ya había mucho acompañante.
Si te sobra, te lo puedes comer para cenar, si todavía te queda hambre...
¡Salud y buen provecho!
Y recuerda: no te la juegues, ¡quédate en casa!
lunes, 23 de marzo de 2020
El coronavirus: ayuno, sí o sí. Guía para un confinamiento saludable
A estas alturas, no me cabe ninguna duda de que este virus al que los expertos han bautizado con un nombre tan raro como COVID-19 nos está trayendo algunas oportunidades para hacer cambios en nuestra vida: no nos toca otro remedio.
En España llevamos nueve días de confinamiento, es decir, que no podemos salir de casa más que para ir a comprar alimentos, a la farmacia, a pasear el perro (los que lo tienen) o a trabajar (los que tienen que hacerlo pues la mayoría se ha quedado en casa).
Vaya por delante que el mejor remedio para evitar el contagio (y cada día recibimos unas cuantas pócimas en nuestro whatsapp) es quedarse en casa. Nuestros gobiernos lo han dejado bien clarito con tanta comunicación en televisiones y tanta prohibición y sanción si se nos ocurre meter los pies en la calle. También es el método más barato (aunque ya sabemos que el coste económico de todo esto va a ser muy grande; pero de esto hablaré en otro artículo).
Tenemos muchas horas para quedarnos en casa y hacer lo que nunca tenemos tiempo de hacer porque andamos corriendo de un lado para el otro. Y una de ellas es cocinar, por supuesto. Así que, queridas amigas, ahora ya no me podrán dar la excusa de que no tienen tiempo de cocinar. Así que ¡pongámonos el delantal!, y vamos a pasar un rato agradable en nuestra olvidada cocina. Vamos a recuperar las ollas que no hemos usado porque hemos optado por calentar los alimentos congelados o precocinados en el microondas. Vamos a divertirnos creando nuestras propias recetas al combinar los alimentos que ya tenemos.
También es un momento óptimo para incorporar cambios en nuestra dieta habitual. Y para evitar las tentaciones de la calle. Porque nuestros restaurantes preferidos están cerrados; y también lo están los que nos faltan por descubrir y las fantásticas cafeterías donde entramos a tomar ni que sea un café o un té rápido... ¡Imagínense! Nada. Así que no nos toca otra que hacerlo en casa. No caigan en la tentación de encargar comida a domicilio, por dos motivos, a menos que estén totalmente incapacitados para cocinar: primero, porque se estarán privando de la maravillosa oportunidad de cocinarse para ustedes mismas, y eso es en sí terapéutico; en segundo lugar, porque no saben quién les ha preparado la comida ni las posibilidades de contagio que esa maravillosa caja puede contener.
Los que hayan tenido la precaución de comprar alimentos con anterioridad ya tienen lo necesario en la despensa para unas cuantas semanas. Los que no, pues les tocará salir a comprar. ¡Pero no se asusten! Habrá suficiente para todos. No tienen que vaciar los estantes del supermercado. Primero porque no necesitan kilos y kilos que después tal vez no utilicen y se les malogre en la despensa. Segundo, porque si arrasamos con lo que tenemos a la vista, probablemente estaremos evitando que la persona que viene detrás, y las siguientes, puedan adquirir ese alimento del que tú te has provisto en cantidad excesiva. Se impone la solidaridad y el pensar en las necesidades del prójimo. Hay que prevenir la exageración con la comida; en la compra y en el consumo.
Mejor comprar productos imperecederos (sobre todo cereales en grano: arroz integral, mijo, copos de avena, trigo sarraceno, y si quieren, cus cus, trigo bulgur o quinoa), y también algas, miso, umeboshi, y no se les ovide, sal marina sin refinar (es mejor que la del Himalaya, que además es mucho más cara) y aceite de sésamo (ajonjolí) y de oliva y girasol. No los aceites vegetales que venden en los Estados Unidos, de origen desconocido. Si se tienen niños, pasta: espaguetis, macarrones, fusilli... Los vegetales, los necesarios para la semana actual y un poco más. Esto es más perecedero, por lo que tendremos que ir proveyendo de a poco. No recomiendo congelar, ya lo he dicho muchas veces; porque la refrigeración en estas circunstancias es suficiente, y porque los alimentos congelados pierden su energía vital y una parte de sus nutrientes. Muy importante: lo básico son los cereales integrales en grano, que duran y duran sin dañarse un montón de tiempo, y no hace falta refrigerarlos. Nos alimentan y son ideales para recuperar el tono vital y limpiar el intestino después de tantos abusos en resto del año. Recuerden que además se da otro hecho: justo hemos entrado en la primavera, con lo cual una limpieza del organismo nos vendrá de perlas para prepararnos para el buen tiempo --aunque sea dentro de casa...
Es bueno recordar que, como pasaremos la mayor parte del tiempo en nuestro hogar, no vamos a quemar tantas calorías ni tampoco vamos a ejercitar tanto nuestro cuerpo, así que rebajar el consumo de galletitas, cafés con leche, frutos secos y no secos en cantidad, jugos varios en cantidad, y mil y un chuches, nos va a reportar grandes beneficios.
Estamos viviendo una época de regresar a lo básico y eliminar lo superfluo, no solo en el aspecto físico, también en el emocional y mental: tenemos que privarnos de miles de productos de consumo y de miles de abrazos, besos, estrechamiento de manos y otros tantos toqueteos a los que los latinos e hispanos estamos tan acostumbrados. También de esto debemos ayunar. ¡Buf! Se me antoja que eso va a ser mucho más difícil para los latinos que para los anglosajones, que ya tienen un gen que les predispone al "detachment" y al autoconfinamiento en su casa, me van a perdonar...
Bueno, vamos a dejarnos de connotaciones raciales o separatistas porque corren tiempos de unión y de unidad, de fraternidad y ayuda al prójimo. Por eso, les pido que por favor se pongan en contacto conmigo si tienen alguna duda o pregunta o comentario sobre este asunto de la dieta que tanto me fascina y me interesa. ¡Yo también tengo mis pecadillos, no se crean! Pero estos días, estoy disfrutando de hacer combinaciones varias y tratar de deleitar el selectivo paladar de los míos, no se crean...
Ah, por último, no me voy a privar de recetarles algo para su sistema inmunológico --que no es la vitamina C ni los mejunjes con vinagre ni productos químicos: raíz de diente de león, raíz de bardana y sopitas de miso. Alimentos naturales y cocinados. Recuperen las horas de sueño robadas por la agitación y la ansiedad. Escuchen mantras o buena música clásica. Y ríanse; disfruten con un buen libro, de esos que siempre les recomendamos y que tampoco leen por falta de tiempo. Bájense una clase de yoga por internet y muevan el esqueleto todos los días un ratito. Su cuerpo se lo agradecerá.
Y no se darán cuenta, que ya habrán pasado los días de confinamiento. Y de reflexión, y de adquirir conciencia.
Gracias, coronavirus, por todas estas cosas que también nos has traído. Ya aprendimos la lección, y por eso, ya te puedes marchar. De hoy en adelante, ya no seremos las mismas personas. Valoraremos más a los demás y corregiremos nuestros hábitos no saludables. Esta vez sí lo haremos, porque ya hemos visto el precio tan caro en vidas y personas infectadas, de médicos y sanitarios también infectados por tus ventosas. Nuestro amor y nuestra sabiduría y nuestro poder son infinitamente más grandes que esas ventosas con las que te adhieres a las células de los seres humanos. Porque nuestras células son las células del Cristo y del Buda, y por eso no las puedes infectar. Solo puedes disolverte dentro de ese mar violeta y rubí de nuestro amor a Dios y a todos los seres humanos. Pedimos perdón por nuesta ignorancia y nuestra arrogancia.
Salud, paz y conciencia para todos.
En España llevamos nueve días de confinamiento, es decir, que no podemos salir de casa más que para ir a comprar alimentos, a la farmacia, a pasear el perro (los que lo tienen) o a trabajar (los que tienen que hacerlo pues la mayoría se ha quedado en casa).
Vaya por delante que el mejor remedio para evitar el contagio (y cada día recibimos unas cuantas pócimas en nuestro whatsapp) es quedarse en casa. Nuestros gobiernos lo han dejado bien clarito con tanta comunicación en televisiones y tanta prohibición y sanción si se nos ocurre meter los pies en la calle. También es el método más barato (aunque ya sabemos que el coste económico de todo esto va a ser muy grande; pero de esto hablaré en otro artículo).
Tenemos muchas horas para quedarnos en casa y hacer lo que nunca tenemos tiempo de hacer porque andamos corriendo de un lado para el otro. Y una de ellas es cocinar, por supuesto. Así que, queridas amigas, ahora ya no me podrán dar la excusa de que no tienen tiempo de cocinar. Así que ¡pongámonos el delantal!, y vamos a pasar un rato agradable en nuestra olvidada cocina. Vamos a recuperar las ollas que no hemos usado porque hemos optado por calentar los alimentos congelados o precocinados en el microondas. Vamos a divertirnos creando nuestras propias recetas al combinar los alimentos que ya tenemos.
También es un momento óptimo para incorporar cambios en nuestra dieta habitual. Y para evitar las tentaciones de la calle. Porque nuestros restaurantes preferidos están cerrados; y también lo están los que nos faltan por descubrir y las fantásticas cafeterías donde entramos a tomar ni que sea un café o un té rápido... ¡Imagínense! Nada. Así que no nos toca otra que hacerlo en casa. No caigan en la tentación de encargar comida a domicilio, por dos motivos, a menos que estén totalmente incapacitados para cocinar: primero, porque se estarán privando de la maravillosa oportunidad de cocinarse para ustedes mismas, y eso es en sí terapéutico; en segundo lugar, porque no saben quién les ha preparado la comida ni las posibilidades de contagio que esa maravillosa caja puede contener.
Los que hayan tenido la precaución de comprar alimentos con anterioridad ya tienen lo necesario en la despensa para unas cuantas semanas. Los que no, pues les tocará salir a comprar. ¡Pero no se asusten! Habrá suficiente para todos. No tienen que vaciar los estantes del supermercado. Primero porque no necesitan kilos y kilos que después tal vez no utilicen y se les malogre en la despensa. Segundo, porque si arrasamos con lo que tenemos a la vista, probablemente estaremos evitando que la persona que viene detrás, y las siguientes, puedan adquirir ese alimento del que tú te has provisto en cantidad excesiva. Se impone la solidaridad y el pensar en las necesidades del prójimo. Hay que prevenir la exageración con la comida; en la compra y en el consumo.
Mejor comprar productos imperecederos (sobre todo cereales en grano: arroz integral, mijo, copos de avena, trigo sarraceno, y si quieren, cus cus, trigo bulgur o quinoa), y también algas, miso, umeboshi, y no se les ovide, sal marina sin refinar (es mejor que la del Himalaya, que además es mucho más cara) y aceite de sésamo (ajonjolí) y de oliva y girasol. No los aceites vegetales que venden en los Estados Unidos, de origen desconocido. Si se tienen niños, pasta: espaguetis, macarrones, fusilli... Los vegetales, los necesarios para la semana actual y un poco más. Esto es más perecedero, por lo que tendremos que ir proveyendo de a poco. No recomiendo congelar, ya lo he dicho muchas veces; porque la refrigeración en estas circunstancias es suficiente, y porque los alimentos congelados pierden su energía vital y una parte de sus nutrientes. Muy importante: lo básico son los cereales integrales en grano, que duran y duran sin dañarse un montón de tiempo, y no hace falta refrigerarlos. Nos alimentan y son ideales para recuperar el tono vital y limpiar el intestino después de tantos abusos en resto del año. Recuerden que además se da otro hecho: justo hemos entrado en la primavera, con lo cual una limpieza del organismo nos vendrá de perlas para prepararnos para el buen tiempo --aunque sea dentro de casa...
Es bueno recordar que, como pasaremos la mayor parte del tiempo en nuestro hogar, no vamos a quemar tantas calorías ni tampoco vamos a ejercitar tanto nuestro cuerpo, así que rebajar el consumo de galletitas, cafés con leche, frutos secos y no secos en cantidad, jugos varios en cantidad, y mil y un chuches, nos va a reportar grandes beneficios.
Estamos viviendo una época de regresar a lo básico y eliminar lo superfluo, no solo en el aspecto físico, también en el emocional y mental: tenemos que privarnos de miles de productos de consumo y de miles de abrazos, besos, estrechamiento de manos y otros tantos toqueteos a los que los latinos e hispanos estamos tan acostumbrados. También de esto debemos ayunar. ¡Buf! Se me antoja que eso va a ser mucho más difícil para los latinos que para los anglosajones, que ya tienen un gen que les predispone al "detachment" y al autoconfinamiento en su casa, me van a perdonar...
Bueno, vamos a dejarnos de connotaciones raciales o separatistas porque corren tiempos de unión y de unidad, de fraternidad y ayuda al prójimo. Por eso, les pido que por favor se pongan en contacto conmigo si tienen alguna duda o pregunta o comentario sobre este asunto de la dieta que tanto me fascina y me interesa. ¡Yo también tengo mis pecadillos, no se crean! Pero estos días, estoy disfrutando de hacer combinaciones varias y tratar de deleitar el selectivo paladar de los míos, no se crean...
Ah, por último, no me voy a privar de recetarles algo para su sistema inmunológico --que no es la vitamina C ni los mejunjes con vinagre ni productos químicos: raíz de diente de león, raíz de bardana y sopitas de miso. Alimentos naturales y cocinados. Recuperen las horas de sueño robadas por la agitación y la ansiedad. Escuchen mantras o buena música clásica. Y ríanse; disfruten con un buen libro, de esos que siempre les recomendamos y que tampoco leen por falta de tiempo. Bájense una clase de yoga por internet y muevan el esqueleto todos los días un ratito. Su cuerpo se lo agradecerá.
Y no se darán cuenta, que ya habrán pasado los días de confinamiento. Y de reflexión, y de adquirir conciencia.
Gracias, coronavirus, por todas estas cosas que también nos has traído. Ya aprendimos la lección, y por eso, ya te puedes marchar. De hoy en adelante, ya no seremos las mismas personas. Valoraremos más a los demás y corregiremos nuestros hábitos no saludables. Esta vez sí lo haremos, porque ya hemos visto el precio tan caro en vidas y personas infectadas, de médicos y sanitarios también infectados por tus ventosas. Nuestro amor y nuestra sabiduría y nuestro poder son infinitamente más grandes que esas ventosas con las que te adhieres a las células de los seres humanos. Porque nuestras células son las células del Cristo y del Buda, y por eso no las puedes infectar. Solo puedes disolverte dentro de ese mar violeta y rubí de nuestro amor a Dios y a todos los seres humanos. Pedimos perdón por nuesta ignorancia y nuestra arrogancia.
Salud, paz y conciencia para todos.
lunes, 16 de diciembre de 2019
La descalcificación de los huesos
Aprovechando
que se acercan las Navidades y que hay que repostar la despensa con algunos
buenos alimentos, hemos pasado un fin de semana en Cuisine et Santé,
hotel-restaurante macrobiótico situado en Saint Gaudens, al sur de Francia (al otro
lado de los Pirineos).
En este hermoso paraje, entre frondosa vegetación y
el skyline de los Pirineos vistos desde el otro lado de donde los solemos ver
nosotros, que vivimos en Cataluña, se encuentra una casa rural donde puedes disfrutar
de una excelente comida cocinada al modo macrobiótico comme il faût, que
dirían nuestros vecinos franceses, es decir, como debe ser; porque aquí han
heredado la magnífica enseñanza del fundador de la macrobiótica, Georges
Ohsawa, quien la transmitió a su fiel discípulo René Lévy, que lo fue los
últimos diez años de vida del maestro japonés. Pues bien, en este lugar no solo
disfrutas de la comida, como digo, sino que también puedes participar en la preparación
del almuerzo y de la cena; y también puedes escuchar unas charlas que dan por
las mañanas después del desayuno y de la cena algunos discípulos de René Lévy,
que falleció en el 2010.
Los
horarios, por supuesto, son más ‘europeos’ que los de España, es decir, se come
a las 12.30h y se cena a las 19.30h (7.30pm), aunque si prevés que vas a llegar
más tarde, avisas y te guardan comida caliente hasta tu llegada.
En la tienda
del hotel puedes comprar algunos libros y alimentos recomendados por la
macrobiótica, cosa que nosotros hacemos cada vez que vamos allí. El miso, importado
de Japón, es de excelente calidad; el tamari, lo mismo; el té de tres años, lo
venden a granel; cereales, granos, kuzu…; y a cinco minutos en coche, tienes
una tienda biocoop, donde encuentras todo tipo de productos orgánicos y tienen
un rincón en el que invitan a los clientes a tomar un té caliente o un café de
cereales. Magnifique!!!
En las charlas,
se explican puntos importantes de la cocina o la vida macrobiótica y se responden
preguntas de los asistentes: muchos llegados principalmente del País Vasco o de
Cataluña o de España, y algún que otro francés o italiano; algunos aterrizan
por primera vez en la macrobiótica; otros ya la conocen o han estado allí otras
veces, y algunos son residentes intermitentes o más o menos fijos. Todos
colaboran en alguno de los muchos quehaceres que esconde la maison.
Actualmente
están cocinando y dando las charlas Lourdes (antigua discípula de René que
vivió 11 años allí) y su hija, Stephanie, que se crió precisamente en ese lugar,
y ahora está residiendo temporalmente allí con su hijito, Sidarta (interesante
nombre…).
Muy
acertadas me parecieron sus explicaciones, sobre todo la de Stephanie acerca de
la acidez en la sangre a causa de los muchos alimentos que la causan y que
desemboca en la descalcificación de los huesos y del organismo porque el
cuerpo, a fin de defenderse y tratar de compensar esa acidez, lanza al torrente
sanguíneo calcio, que principalmente extrae de los huesos. Es un intento desesperado
del organismo, que se pone en alerta como en cualquier otra ocasión en que se
siente amenazado, y ejecuta sus propios remedios o medios para paliar problemas.
Pero estos problemas, en realidad, no desaparecen a no ser que se detenga la
fuente que los está causando, esto es, una errónea alimentación.
Alimentos
que causan acidez: todo lo yin, a saber, dulces de todo tipo, frutas, algunos
vegetales, sobre todo el tomate, la patata, el pimiento, la berenjena.
¿Cóooooomo?, se preguntarán algunos. Pues sí, señores y señoras. Eso que vino de
América hace quinientos y pico de años (porque en Europa no existían patatas ni
tomates), a colorear nuestros platos y a acidificar nuestros estómagos y nuestra
sangre.
No estará de
más introducir aquí una anécdota que le ocurrió a mi esposo a principios de
este verano. Estaba charlando con un conocido suyo de origen griego, y le
comentaba este controvertido asunto del tomate y de la acidez que genera y de
sus fatales consecuencias: puede causar artritis, artrosis y un sinfín de
problemas en las extremidades. El griego casi palideció. Al preguntarle, respondió
que sufría de artrosis (con cuarenta y pico de años…). Y confesó… que le
encantan los tomates, y come muchos a la semana; en verano, ¡casi tres quilos
por semana! Voilà, querido amigo.
La acidez está
muy extendida en nuestro cuerpo, y los lácteos, es decir, leches, quesos,
yogures, etcétera, etcétera, también la provocan. El chocolate, que algunos
dicen que quita la depresión ¡da acidez!, y tal vez eso te devuelva la
depresión. Ah, y otra cosa: los sentimientos y pensamientos negativos, también.
Así es que,
¡sé feliz y disfruta de los buenos -alcalinos- alimentos en estas Navidades!
Y recuerda
una de las máximas de la Macrobiótica: ¡la cantidad mata la calidad! (Ohsawa
dixit)
(Si quieres
preguntarme algo sobre este artículo o clases o cualquier otra inquietud que
tengas acerca de la Macrobiótica, estoy a tu disposición: mándame tu mensaje en
privado y hablamos. Avec plaisir)
Feliz
Navidad, y mucha sabiduría para el nuevo año.
sábado, 31 de diciembre de 2016
Macrobiótica en la República Dominicana
El pasado mes de noviembre tuve la grata oportunidad de visitar un país fascinante no tanto por su tamaño geográfico –ocupa la mitad de una isla del Caribe, que comparte con su vecino Haití--, sino por el tamaño del corazón de muchos de sus habitantes.
El propósito fundamental del viaje era impartir clases de astrología mi esposo, José Luis, y de macrobiótica yo, presentando a la vez mi último libro René Lévy. Una vida macrobiótica.
Estuvimos todos los días en Santo Domingo, la capital, salvo un mediodía en que nos llevaron a comer a un restaurante que está encima del mar, llamado Neptuno, en Boca Chica, una playa cercana a Santo Domingo. Ciertamente nos vino bien una pausa junto a las calmosas olas del Caribe en el cálido otoño dominicano.
Como suelo hacer dondequiera que vaya, pedí me acompañaran a mercados locales para ver los alimentos que venden en la zona. La macrobiótica recomienda productos del lugar –lo que en Cataluña, donde vivo, llaman “kilómetro cero”--; así que me interesé por lo que se cultiva y vende en la isla.
Mis conclusiones son las siguientes:
1) Por lo que pude ver, la gente compra en grandes supermercados, donde una pequeña parte es local (tal vez el 10 o 15 por ciento) y el resto es importado. Me recordó un poco a los supermercados de Miami, tipo Presidente. El estilo de compra es bastante parecido, salvando las diferencias en el nivel adquisitivo del comprador medio, que en la República Dominicana es mucho menor.
2) Los cereales en grano –el alimento principal en la macrobiótica—se encuentran sin problema, aunque no todos. El arroz integral, por ejemplo, es local, el grano es más delgado y por tanto tiene menos consistencia que el grano corto y más grueso que se vende en los EEUU o en Europa; pero eso es debido al clima, de manera que al ser más caluroso todo el año, la tierra produce ese grano más yin. Se puede comer como alimento de base. Otros cereales son el maíz, que es económico, igual que el arroz, y se adapta por la misma razón climatológica a la dieta habitual. Los demás granos: bulgur, es de importación, ya que el trigo no se da en la isla porque requiere un clima menos cálido y húmedo; el mijo y el trigo sarraceno o en otras formas, no los vi, pero tal vez se venden en alguna tienda de productos naturales (de importación); la avena sí la hay, y se consume bastante, en copos; la quinoa, la venden y es de importación (por eso es cara). El ajonjolí (sésamo), es local y abunda: en grano, sobre todo. El tahín (pasta de ajonjolí) no lo vi, será cuestión de que alguien se anime a hacerlo.
3) Los vegetales: locales, cebollas, ají (pimientos), tomates, lechuga, zanahorias, batata, auyama (calabazas del lugar)…, me van a disculpar, pero no recuerdo los nombres de algunos otros, por eso, porque son muy del lugar. Disculpen mi ignorancia. Nabos, rábanos, col verde, brócoli y otros vegetales son importados.
4) Las frutas, lo mismo; los aguacates y los mangos, muy abundantes y económicos; la sandía, en plena forma y dulce sabor en otoño; el coco, en múltiples presentaciones y variedades (enteros, jugos, leche de coco envasada…). Todas o casi todas las frutas tropicales tienen gran aceptación y se consumen enteras o en jugo. En la macrobiótica ya sabemos que no se recomiendan por su extraordinaria calidad yin, pero la verdad es que se dan en la isla en abundancia por el factor climático.
5) Legumbres: lentejas, garbanzos, frijoles, son muy populares y se encuentran por doquier. No recuerdo si son importados o locales, pero en cualquier caso, no son costosos. Algunos más específicos de la macrobiótica, como las azukis o el miso, se encuentran en tiendas orientales, y son de importación.
6) Pescado: el que vi en el supermercado no lo recomiendo. Tenía un color en los ojos muy turbio… Desde luego, muy fresco no parecía.
7) Otros productos muy específicos de la macrobiótica como el kuzu, las ciruelas umeboshi, el miso de buena calidad, no los vi. Yo les sugeriría a quienes vayan a visitar a amigos o parientes en la isla, que les lleven alguno de estos productos o se lo envíen de regalo para la Navidad. ¡Ese sí sería un buen regalo! El jengibre se encuentra en todas las cocinas, ¡en grandes cantidades y sin excepción! Pero sería bueno que empezaran a utilizar aliños como la salsa de soya natural (Shoyu) o la umeboshi, y aceites de buena calidad (de oliva, de ajonjolí, de girasol).
8) Bebidas: ya he mencionado que se consumen los jugos en todas sus variedades y contenidos. Están bien, saben rico; y el calor invita a tomarlos. El hábito muy extendido de consumirlos no es en sí malo o negativo. El problema surge cuando a ello se le agrega una dieta que contiene azúcar, porque por la mañana se cocinan copos de avena a los que les añaden azúcar, acompañado de café (muy yin y gran excitante del sistema nervioso) y galletas (azucaradas, por supuesto) o tostadas con mermelada (también azucarada), etc.
Esos hábitos generan un tipo de personas con una energía muy yin, que se detecta en sus cuerpos ciertamente dilatados por los excesos yin y el exceso de comida (recordemos que en los climas cálidos la ingesta de alimento debería ser menor que durante la estación fría) y esa calidad yin genera una personalidad también yin: falta de concentración y escucha cuando se nos habla o se nos explican conceptos que debemos retener, falta de memoria no importa la edad que se tenga, cansancio, sueño insuficiente o de poca calidad, comportamientos excesivamente sumisos y proclives a ser victimizados (no importa el sexo pero por lo general las mujeres son las más tendentes a adoptar ese rol sumiso), con la consiguiente polaridad yang en las personas a las que se atraen (recordemos: yin atrae yang, yang atrae yin), esto es, parejas u hombres abusivos de palabra u obra. Y eso va pasando de generación en generación hasta quedar grabado en el código genético, dicho de otro modo, karmático.
9) Reciclaje: Se echa en falta el hábito de reciclar y contenedores aptos para la clasificación de residuos (vidrio, cartón, plástico, latas…). Nuestro doliente planeta anda muy necesitado de cuidados intensivos, y cuando cruzo el charco, ya vaya al gigante estadounidense o a otros países más al sur, uno tiene la sensación de que allí nadie habla de contaminación ni se preocupa por ello.
Ya tuve ocasión de explicarles que yo no me creo lo que dice el Sr. Trump: que el cambio climático es un invento de los chinos y que no existe. Yo no creo que los glaciares que se están deshaciendo en los polos sea un invento de nadie. Y que si tienes la suerte de vivir en un lugar con un aire limpio donde no percibas ese hecho, no pienses que todo el mundo es así. En la China, precisamente, lo saben muy bien, y en Europa se están tomando muchas medidas en las ciudades para evitar esa cantidad de contaminantes que forma parte de la vida cotidiana de sus habitantes (poner contenedores de basura selectiva por doquier, dejar circular sólo la mitad de vehículos, como se ha hecho en París, en Madrid, etc, etc.).
Es obvio que en algunos lugares de América eso no es una prioridad. Ahora bien, si usted me dice que en su ciudad no hay contenedores para clasificar los residuos, bien, entonces puede hacer dos cosas: una, escribir a las autoridades o a los periódicos que publiquen cartas de los lectores exponiendo esa necesidad; y dos, generar menos basura siendo consciente de que el planeta es de todos y queremos dejar uno más limpio y habitable para nuestros hijos y nietos. Al final, de eso se trata.
Tengo que reconocer que tal vez la sangre de los dominicanos sea muy dulce. Y también que son algo gritones, parlanchines y a veces distraídos. Y que viven en un país donde uno no anda muy tranquilo por la calle, por miedo a que le roben. Pero también he de ser sincera y admitir que tienen el corazón más grande que he visto en muchos lugares que he visitado de este mundo. Y que se atreven a traer hijos al mundo aun en difíciles circunstancias personales. Dios se lo guarde y se lo ensanche aún más. Para que sigan siendo un ejemplo de devoción, amor al prójimo y alegría violeta.
¡Salud a la República Dominicana!
¡Y feliz año nuevo a todos!
El propósito fundamental del viaje era impartir clases de astrología mi esposo, José Luis, y de macrobiótica yo, presentando a la vez mi último libro René Lévy. Una vida macrobiótica.
Estuvimos todos los días en Santo Domingo, la capital, salvo un mediodía en que nos llevaron a comer a un restaurante que está encima del mar, llamado Neptuno, en Boca Chica, una playa cercana a Santo Domingo. Ciertamente nos vino bien una pausa junto a las calmosas olas del Caribe en el cálido otoño dominicano.
Como suelo hacer dondequiera que vaya, pedí me acompañaran a mercados locales para ver los alimentos que venden en la zona. La macrobiótica recomienda productos del lugar –lo que en Cataluña, donde vivo, llaman “kilómetro cero”--; así que me interesé por lo que se cultiva y vende en la isla.
Mis conclusiones son las siguientes:
1) Por lo que pude ver, la gente compra en grandes supermercados, donde una pequeña parte es local (tal vez el 10 o 15 por ciento) y el resto es importado. Me recordó un poco a los supermercados de Miami, tipo Presidente. El estilo de compra es bastante parecido, salvando las diferencias en el nivel adquisitivo del comprador medio, que en la República Dominicana es mucho menor.
2) Los cereales en grano –el alimento principal en la macrobiótica—se encuentran sin problema, aunque no todos. El arroz integral, por ejemplo, es local, el grano es más delgado y por tanto tiene menos consistencia que el grano corto y más grueso que se vende en los EEUU o en Europa; pero eso es debido al clima, de manera que al ser más caluroso todo el año, la tierra produce ese grano más yin. Se puede comer como alimento de base. Otros cereales son el maíz, que es económico, igual que el arroz, y se adapta por la misma razón climatológica a la dieta habitual. Los demás granos: bulgur, es de importación, ya que el trigo no se da en la isla porque requiere un clima menos cálido y húmedo; el mijo y el trigo sarraceno o en otras formas, no los vi, pero tal vez se venden en alguna tienda de productos naturales (de importación); la avena sí la hay, y se consume bastante, en copos; la quinoa, la venden y es de importación (por eso es cara). El ajonjolí (sésamo), es local y abunda: en grano, sobre todo. El tahín (pasta de ajonjolí) no lo vi, será cuestión de que alguien se anime a hacerlo.
3) Los vegetales: locales, cebollas, ají (pimientos), tomates, lechuga, zanahorias, batata, auyama (calabazas del lugar)…, me van a disculpar, pero no recuerdo los nombres de algunos otros, por eso, porque son muy del lugar. Disculpen mi ignorancia. Nabos, rábanos, col verde, brócoli y otros vegetales son importados.
4) Las frutas, lo mismo; los aguacates y los mangos, muy abundantes y económicos; la sandía, en plena forma y dulce sabor en otoño; el coco, en múltiples presentaciones y variedades (enteros, jugos, leche de coco envasada…). Todas o casi todas las frutas tropicales tienen gran aceptación y se consumen enteras o en jugo. En la macrobiótica ya sabemos que no se recomiendan por su extraordinaria calidad yin, pero la verdad es que se dan en la isla en abundancia por el factor climático.
5) Legumbres: lentejas, garbanzos, frijoles, son muy populares y se encuentran por doquier. No recuerdo si son importados o locales, pero en cualquier caso, no son costosos. Algunos más específicos de la macrobiótica, como las azukis o el miso, se encuentran en tiendas orientales, y son de importación.
6) Pescado: el que vi en el supermercado no lo recomiendo. Tenía un color en los ojos muy turbio… Desde luego, muy fresco no parecía.
7) Otros productos muy específicos de la macrobiótica como el kuzu, las ciruelas umeboshi, el miso de buena calidad, no los vi. Yo les sugeriría a quienes vayan a visitar a amigos o parientes en la isla, que les lleven alguno de estos productos o se lo envíen de regalo para la Navidad. ¡Ese sí sería un buen regalo! El jengibre se encuentra en todas las cocinas, ¡en grandes cantidades y sin excepción! Pero sería bueno que empezaran a utilizar aliños como la salsa de soya natural (Shoyu) o la umeboshi, y aceites de buena calidad (de oliva, de ajonjolí, de girasol).
8) Bebidas: ya he mencionado que se consumen los jugos en todas sus variedades y contenidos. Están bien, saben rico; y el calor invita a tomarlos. El hábito muy extendido de consumirlos no es en sí malo o negativo. El problema surge cuando a ello se le agrega una dieta que contiene azúcar, porque por la mañana se cocinan copos de avena a los que les añaden azúcar, acompañado de café (muy yin y gran excitante del sistema nervioso) y galletas (azucaradas, por supuesto) o tostadas con mermelada (también azucarada), etc.
Esos hábitos generan un tipo de personas con una energía muy yin, que se detecta en sus cuerpos ciertamente dilatados por los excesos yin y el exceso de comida (recordemos que en los climas cálidos la ingesta de alimento debería ser menor que durante la estación fría) y esa calidad yin genera una personalidad también yin: falta de concentración y escucha cuando se nos habla o se nos explican conceptos que debemos retener, falta de memoria no importa la edad que se tenga, cansancio, sueño insuficiente o de poca calidad, comportamientos excesivamente sumisos y proclives a ser victimizados (no importa el sexo pero por lo general las mujeres son las más tendentes a adoptar ese rol sumiso), con la consiguiente polaridad yang en las personas a las que se atraen (recordemos: yin atrae yang, yang atrae yin), esto es, parejas u hombres abusivos de palabra u obra. Y eso va pasando de generación en generación hasta quedar grabado en el código genético, dicho de otro modo, karmático.
9) Reciclaje: Se echa en falta el hábito de reciclar y contenedores aptos para la clasificación de residuos (vidrio, cartón, plástico, latas…). Nuestro doliente planeta anda muy necesitado de cuidados intensivos, y cuando cruzo el charco, ya vaya al gigante estadounidense o a otros países más al sur, uno tiene la sensación de que allí nadie habla de contaminación ni se preocupa por ello.
Ya tuve ocasión de explicarles que yo no me creo lo que dice el Sr. Trump: que el cambio climático es un invento de los chinos y que no existe. Yo no creo que los glaciares que se están deshaciendo en los polos sea un invento de nadie. Y que si tienes la suerte de vivir en un lugar con un aire limpio donde no percibas ese hecho, no pienses que todo el mundo es así. En la China, precisamente, lo saben muy bien, y en Europa se están tomando muchas medidas en las ciudades para evitar esa cantidad de contaminantes que forma parte de la vida cotidiana de sus habitantes (poner contenedores de basura selectiva por doquier, dejar circular sólo la mitad de vehículos, como se ha hecho en París, en Madrid, etc, etc.).
Es obvio que en algunos lugares de América eso no es una prioridad. Ahora bien, si usted me dice que en su ciudad no hay contenedores para clasificar los residuos, bien, entonces puede hacer dos cosas: una, escribir a las autoridades o a los periódicos que publiquen cartas de los lectores exponiendo esa necesidad; y dos, generar menos basura siendo consciente de que el planeta es de todos y queremos dejar uno más limpio y habitable para nuestros hijos y nietos. Al final, de eso se trata.
Tengo que reconocer que tal vez la sangre de los dominicanos sea muy dulce. Y también que son algo gritones, parlanchines y a veces distraídos. Y que viven en un país donde uno no anda muy tranquilo por la calle, por miedo a que le roben. Pero también he de ser sincera y admitir que tienen el corazón más grande que he visto en muchos lugares que he visitado de este mundo. Y que se atreven a traer hijos al mundo aun en difíciles circunstancias personales. Dios se lo guarde y se lo ensanche aún más. Para que sigan siendo un ejemplo de devoción, amor al prójimo y alegría violeta.
¡Salud a la República Dominicana!
¡Y feliz año nuevo a todos!
lunes, 5 de octubre de 2015
Una clase magistral sobre masticar y respirar
Con motivo de la cocción de mi próximo libro --un perfil sobre René Lévy-- estuve a principios de verano en Cuisine et Santé, el santuario macrobiótico creado por René hace treinta y seis años en la falda francesa de los Pirineos. Allí tuve la oportunidad de asistir a alguna de las charlas que da el discípulo de René Daniel Salens, con gran conocimiento y una experiencia enriquecida a lo largo de veinticinco años en que asistió a René.
No quiero perder la ocasión de compartir esta maravillosa lección que nos brindó Daniel, y que es dificil de encontrar en ningún libro. Reproduzco mis notas tomadas en la charla de Daniel, espero con la mayor fidelidad posible. Disculpen si no hay una secuencia muy clara de ideas, es bastante literal. Veamos.
La sangre, que es yang --roja y caliente-- se siente atraída por el oxígeno, que es yin --azul y frío--, y lo lleva a las células.
El magnesio es muy yang; lo comemos en la sal marina.
Si hay poco oxígeno en la masticación, es demasiado yang porque hay demasiado carbono. Se necesita oxígeno para que el calor (yang) disminuya, y esto se realiza a través del oxígeno. Por eso es importante comer y respirar a la vez.
La persona que respira se da cuenta de pronto de que respira; y esto se convierte en un placer.
El aire circula mejor por el cuerpo cuando se camina. Es una sensación muy placentera; la misma que cuando comemos y respiramos.
Nuestro organismo está muy bien construido.
Nos alimentamos también de sensaciones y de emociones. Estas corresponden a las secreciones que se producen en las glándulas endocrinas: la tiroides, las suprarrenales, y también en la cabeza (hipotálamo). Hay órganos muy especializados que segregan hormonas. Tienen un sabor muy concentrado y producen un efecto muy concreto. De ahí que las emociones son secreciones, que pueden producir un efecto físico porque a veces notas una sensación en el estómago. A veces se siente una opresión, que puede ser una liberación de hormonas. Incluso cuando estás tranquilo, hay secreciones que te producen tranquilidad o sueño. Hay un cambio en la conciencia que es físico: es una sustancia que actúa casi como un medicamento interno, de forma natural (la secreción).
El cuerpo puede hacer muchas cosas pero no las utilizamos todas.
Cuando comenzamos con la Macrobiótica, empezamos a conocer nuestro cuerpo.
Hay que conocerse uno mismo; y poner orden en la alimentación ayuda mucho a conocerse. Es lo primero que hay que hacer.
En otras épocas la alimentación era muy natural. Por eso no hacía falta hablar de ello. Ahora es necesario para todo el mundo.
Las secreciones cambian según la alimentación. Hay influencia entre respiración, segregación, alimentación. Nos alimentamos de lo que hacemos. Dar de uno mismo también alimenta.
No podemos acumular sin límite: hay que utilizar lo que comemos. Todo lo que absorbemos ha de ser utilizado.
Eso es muy difícil cuando no hay actividad. Hay muchos tipos de actividad: la actividad física permite dar más; la intelectual (el pensamiento) también lo es, pero es más difícil de controlar; la más fácil es la física.
Hay que cocinar, comprar los alimentos, organizar la cocina, controlar los fogones...
Estás produciendo algo y eso se llama creación. La creatividad no tiene que ser algo artístico. Está en la Naturaleza. La hierba, los árboles son creativos: crean hojas, flores, granos, semillas. Los animales crean movimiento. Cuando ves un animal, ves una energía bastante armoniosa.
Hacer algo nos alimenta. La cocina natural se la tiene que hacer cada uno. Cada día hay que preparar algo. Un mínimo de una hora al día, que no es demasiado. Cocinar es una forma de alimentarse.
Casi todo es mental. Lo que oímos produce una reacción: la cabeza trabaja permanentemente. Siempre estamos pensando algo o recuerdos, etc. Esta actividad mental nos mantiene, pero puede complicarse, puede convertirse en una enfermedad.
La alimentación nos puede dar la vida pero también nos puede poner enfermos o volver locos. Se trata de las enfermedades mentales, que son complicadas. Por eso algunas filosofías hablan de ellas. Si hay una palabra, hay actividad mental. Si dormimos, la actividad mental puede desaparecer, pero no es seguro. Cuando sueñas, cuando te mueves mientras duermes, significa que la actividad mental continúa. Sólo con el sueño perfecto la actividad mental disminuye, y eso es reparador, es una energía sin límite.
Volvemos a la respiración. Al final de la espiración, hay un momento en que no queda nada. Hay que experimentarlo, hacerlo y observar. Es como la playa: el agua avanza y el agua se retira. Ves la playa limpia. Si haces un dibujo en la arena, ocurre lo mismo con la respiración: hay una playa. Es el momento en que sentimos el apetito de aire. Inspiras y el aire te alimenta. Hay algo más, el origen de la respiración: el apetito cuando no hay nada. Siempre hay dos lados: el cielo y la tierra, el hombre y la mujer; siempre dos contrarios pero al mismo tiempo está el origen de esos dos polos antagónicos. La Macrobiótica combina el yin y el yang. Hay que intentar saber de dónde viene esto. En el mundo de las polaridades hay contradicciones, oposiciones; pero el Origen de esto no tiene oposición. Son cosas muy naturales. Basta con buscar una alimentación lo más natural posible. Cuando hay un problema, no siempre es necesario reflexionar o preocuparse, o especular. Es necesario simplemente dejar hacer. La alimentación macrobiótica es detener la locura.
Gracias, Daniel, por estas reflexiones. Intentaremos no pensar mucho en ellas...
Bien, espero que al menos sí se acuerden de respirar la próxima vez que coman.
¡Salud a todos!
No quiero perder la ocasión de compartir esta maravillosa lección que nos brindó Daniel, y que es dificil de encontrar en ningún libro. Reproduzco mis notas tomadas en la charla de Daniel, espero con la mayor fidelidad posible. Disculpen si no hay una secuencia muy clara de ideas, es bastante literal. Veamos.
La sangre, que es yang --roja y caliente-- se siente atraída por el oxígeno, que es yin --azul y frío--, y lo lleva a las células.
El magnesio es muy yang; lo comemos en la sal marina.
Si hay poco oxígeno en la masticación, es demasiado yang porque hay demasiado carbono. Se necesita oxígeno para que el calor (yang) disminuya, y esto se realiza a través del oxígeno. Por eso es importante comer y respirar a la vez.
La persona que respira se da cuenta de pronto de que respira; y esto se convierte en un placer.
El aire circula mejor por el cuerpo cuando se camina. Es una sensación muy placentera; la misma que cuando comemos y respiramos.
Nuestro organismo está muy bien construido.
Nos alimentamos también de sensaciones y de emociones. Estas corresponden a las secreciones que se producen en las glándulas endocrinas: la tiroides, las suprarrenales, y también en la cabeza (hipotálamo). Hay órganos muy especializados que segregan hormonas. Tienen un sabor muy concentrado y producen un efecto muy concreto. De ahí que las emociones son secreciones, que pueden producir un efecto físico porque a veces notas una sensación en el estómago. A veces se siente una opresión, que puede ser una liberación de hormonas. Incluso cuando estás tranquilo, hay secreciones que te producen tranquilidad o sueño. Hay un cambio en la conciencia que es físico: es una sustancia que actúa casi como un medicamento interno, de forma natural (la secreción).
El cuerpo puede hacer muchas cosas pero no las utilizamos todas.
Cuando comenzamos con la Macrobiótica, empezamos a conocer nuestro cuerpo.
Hay que conocerse uno mismo; y poner orden en la alimentación ayuda mucho a conocerse. Es lo primero que hay que hacer.
En otras épocas la alimentación era muy natural. Por eso no hacía falta hablar de ello. Ahora es necesario para todo el mundo.
Las secreciones cambian según la alimentación. Hay influencia entre respiración, segregación, alimentación. Nos alimentamos de lo que hacemos. Dar de uno mismo también alimenta.
No podemos acumular sin límite: hay que utilizar lo que comemos. Todo lo que absorbemos ha de ser utilizado.
Eso es muy difícil cuando no hay actividad. Hay muchos tipos de actividad: la actividad física permite dar más; la intelectual (el pensamiento) también lo es, pero es más difícil de controlar; la más fácil es la física.
Hay que cocinar, comprar los alimentos, organizar la cocina, controlar los fogones...
Estás produciendo algo y eso se llama creación. La creatividad no tiene que ser algo artístico. Está en la Naturaleza. La hierba, los árboles son creativos: crean hojas, flores, granos, semillas. Los animales crean movimiento. Cuando ves un animal, ves una energía bastante armoniosa.
Hacer algo nos alimenta. La cocina natural se la tiene que hacer cada uno. Cada día hay que preparar algo. Un mínimo de una hora al día, que no es demasiado. Cocinar es una forma de alimentarse.
Casi todo es mental. Lo que oímos produce una reacción: la cabeza trabaja permanentemente. Siempre estamos pensando algo o recuerdos, etc. Esta actividad mental nos mantiene, pero puede complicarse, puede convertirse en una enfermedad.
La alimentación nos puede dar la vida pero también nos puede poner enfermos o volver locos. Se trata de las enfermedades mentales, que son complicadas. Por eso algunas filosofías hablan de ellas. Si hay una palabra, hay actividad mental. Si dormimos, la actividad mental puede desaparecer, pero no es seguro. Cuando sueñas, cuando te mueves mientras duermes, significa que la actividad mental continúa. Sólo con el sueño perfecto la actividad mental disminuye, y eso es reparador, es una energía sin límite.
Volvemos a la respiración. Al final de la espiración, hay un momento en que no queda nada. Hay que experimentarlo, hacerlo y observar. Es como la playa: el agua avanza y el agua se retira. Ves la playa limpia. Si haces un dibujo en la arena, ocurre lo mismo con la respiración: hay una playa. Es el momento en que sentimos el apetito de aire. Inspiras y el aire te alimenta. Hay algo más, el origen de la respiración: el apetito cuando no hay nada. Siempre hay dos lados: el cielo y la tierra, el hombre y la mujer; siempre dos contrarios pero al mismo tiempo está el origen de esos dos polos antagónicos. La Macrobiótica combina el yin y el yang. Hay que intentar saber de dónde viene esto. En el mundo de las polaridades hay contradicciones, oposiciones; pero el Origen de esto no tiene oposición. Son cosas muy naturales. Basta con buscar una alimentación lo más natural posible. Cuando hay un problema, no siempre es necesario reflexionar o preocuparse, o especular. Es necesario simplemente dejar hacer. La alimentación macrobiótica es detener la locura.
Gracias, Daniel, por estas reflexiones. Intentaremos no pensar mucho en ellas...
Bien, espero que al menos sí se acuerden de respirar la próxima vez que coman.
¡Salud a todos!
martes, 14 de julio de 2015
Una alternativa perfecta a los lácteos
Semanas atrás, se popularizó un anuncio en los medios de Cataluña, donde resido, que llevaba un título tan sugerente ("Ningún niño sin bigote") como la imagen que lo ilustraba: la cara simpática de un niño mostrando un bigote de leche muy acentuado.
Se hacía un llamamiento con un fuerte impacto mediático a la necesidad de invertir fondos --públicos y privados-- para la compra y distribución masiva de ese producto animal por su tradicional aporte de calcio a los huesos y dientes de nuestros más pequeños.
Bien, pues yo quiero anunciar desde mi modesta tribuna a quien quiera oír que 100 gramos de sésamo (ajonjolí en América) aportan más de 750 gramos de calcio. Comparando esta cifra con los 120 gramos que aportan 100 cc de leche, o los 250 mg de calcio por 100 gramos de almendras, deducirán que ese diminuto grano --se le considera un fruto seco-- ha de tener un papel importante en la dieta de todos nosotros y por supuesto de nuestros hijos.
Así que, la próxima vez que te preguntes ¿le puedo dar a mi niño algo que sea bueno y que le dé mucho calcio?, ya tienes la respuesta. Y te ahorrará muchos dolores de cabeza a ti y muchos mocos a tu hijo.
¿Cómo se lo puedes dar?
Son varias las formas en que puede tomarse. Pero cualquiera de ellas ha de contar con una condición importante: la asiduidad. Hay que tomarlo todos los días, en una u otra modalidad si quieres sentir los efectos.
1ª) Gomasio: es un preparado a base de sésamo tostado, al que se le añade sal marina (sin refinar) también tostada (por separado) --vigilando que el sésamo no se queme, pues es muy delicado; así que hay que remover sin parar en la sartén sin aceite--, y luego se tritura todo junto en la proporción de 1 cucharada rasa de sal por 7 cucharadas de sésamo tostado (puede tener menos sal si es para niños solamente), en un mortero normal o uno especialmente indicado para ello, llamado suribachi (tiene unas estrías en los lados que ayudan a triturar). Esta manera de prepararlo hace que la sal entre en el sésamo y ambos alimentos juntos se adhieren mejor a los huesos y de paso rebajan la acidez de la sangre. Una buena medicina. También lo venden en tiendas especializadas, pero lo puedes hacer tú en casa, es muy fácil y lo tendrás más fresco.
2ª) Tahín: es un puré o crema de sésamo (ajonjolí) que venden ya preparado. Es conveniente comprarlo en una tienda de productos naturales. Tiene una concentración muy espesa de sésamo, que hace las delicias de los niños untado sobre una tortita de arroz o una tostada. Tiene otra ventaja: es un buen sustituto de la mantequilla, por la cantidad de grasa que contiene. Si lo utilizas a menudo, pronto notarás que desaparece el antojo de tomar leche. ¡Es increíble! Nota: los adultos tómenlo con moderación, por la cantidad de grasa.
3ª) Se pueden verter ocasionalmente unos granos de sésamo sobre las galletas cocinadas en casa o las croquetas de cereales, antes de freír (ver mis otras recetas en el blog).
En fin, cuando descubras las virtudes y las ventajas de comer sésamo, no querrás que nunca falte en tu cocina.
Mi lema de hoy sería:
¡Ningún niño sin sésamo!
Se hacía un llamamiento con un fuerte impacto mediático a la necesidad de invertir fondos --públicos y privados-- para la compra y distribución masiva de ese producto animal por su tradicional aporte de calcio a los huesos y dientes de nuestros más pequeños.
Bien, pues yo quiero anunciar desde mi modesta tribuna a quien quiera oír que 100 gramos de sésamo (ajonjolí en América) aportan más de 750 gramos de calcio. Comparando esta cifra con los 120 gramos que aportan 100 cc de leche, o los 250 mg de calcio por 100 gramos de almendras, deducirán que ese diminuto grano --se le considera un fruto seco-- ha de tener un papel importante en la dieta de todos nosotros y por supuesto de nuestros hijos.
Así que, la próxima vez que te preguntes ¿le puedo dar a mi niño algo que sea bueno y que le dé mucho calcio?, ya tienes la respuesta. Y te ahorrará muchos dolores de cabeza a ti y muchos mocos a tu hijo.
¿Cómo se lo puedes dar?
Son varias las formas en que puede tomarse. Pero cualquiera de ellas ha de contar con una condición importante: la asiduidad. Hay que tomarlo todos los días, en una u otra modalidad si quieres sentir los efectos.
1ª) Gomasio: es un preparado a base de sésamo tostado, al que se le añade sal marina (sin refinar) también tostada (por separado) --vigilando que el sésamo no se queme, pues es muy delicado; así que hay que remover sin parar en la sartén sin aceite--, y luego se tritura todo junto en la proporción de 1 cucharada rasa de sal por 7 cucharadas de sésamo tostado (puede tener menos sal si es para niños solamente), en un mortero normal o uno especialmente indicado para ello, llamado suribachi (tiene unas estrías en los lados que ayudan a triturar). Esta manera de prepararlo hace que la sal entre en el sésamo y ambos alimentos juntos se adhieren mejor a los huesos y de paso rebajan la acidez de la sangre. Una buena medicina. También lo venden en tiendas especializadas, pero lo puedes hacer tú en casa, es muy fácil y lo tendrás más fresco.
2ª) Tahín: es un puré o crema de sésamo (ajonjolí) que venden ya preparado. Es conveniente comprarlo en una tienda de productos naturales. Tiene una concentración muy espesa de sésamo, que hace las delicias de los niños untado sobre una tortita de arroz o una tostada. Tiene otra ventaja: es un buen sustituto de la mantequilla, por la cantidad de grasa que contiene. Si lo utilizas a menudo, pronto notarás que desaparece el antojo de tomar leche. ¡Es increíble! Nota: los adultos tómenlo con moderación, por la cantidad de grasa.
3ª) Se pueden verter ocasionalmente unos granos de sésamo sobre las galletas cocinadas en casa o las croquetas de cereales, antes de freír (ver mis otras recetas en el blog).
En fin, cuando descubras las virtudes y las ventajas de comer sésamo, no querrás que nunca falte en tu cocina.
Mi lema de hoy sería:
¡Ningún niño sin sésamo!
lunes, 11 de mayo de 2015
Lecciones en Cuisine et Santé: El poder del cambio
He tenido la gran oportunidad de pasar nueve formidables días en Cuisine et Santé, el centro macrobiótico que fundó René Lévy --discípulo de Georges Ohsawa-- en el sur de Francia.
Y no puedo hacer más que testimoniar la renovadora experiencia de esta ciencia alquímica, ya que después de haber ido otras tantas veces a este santuario de la macrobiótica, algunas en vida de René, he revivido maravillada el buen funcionamiento y la vitalidad del centro cinco años después de que su fundador dejase este mundo.
Así es. Daniel Salens, colaborador de René durante treinta años, y habitual cocinero durante largos períodos, dirige con notable profesionalidad y profundo conocimiento las charlas matutinas y vespertinas que denominan "conference". Sus palabras rezuman el poso de sabiduría heredada de René tras pasar años traduciendo las clases del maestro, y sobre todo la huella indeleble que ha dejado la práctica de la macrobiótica en su piel y su aligerado cuerpo. Y todo ello con gran sencillez y humildad.
Daniel explicó con claridad que el hombre está hecho de los cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra. Es una expresión del principio único, que asimila al ser himano con la Naturaleza de la que forma parte. Como no podemos ingerir los cuatro elementos directamente, la Naturaleza nos los proporciona por medio de los vegetales, constituidos principalmente por un compuesto: la clorofila, que por los propios mecanismos de la física y la química se transmuta de verde en el rojo de la sangre. Así es como nos alimentamos del Sol.
También mencionó que beber poco, hábito recomendado por la macrobiótica, significa no beber mecánicamente. Eso es lo que sucede en la hilera de actividades sociales que llenan hoy día nuestra agenda. ¿Qué haces cuando vas a casa de alguien? Te ofrece algo de beber. ¿Qué haces cuando te reúnes con alguien por trabajo o por ocio? Tomas una bebida, quizás un refresco, un café o un té. No se te pasa por la cabeza si tienes sed. Es un acto tan adherido a nuestra cultura, que se convierte en mecánico. Es hora de tomar conciencia de lo que depositamos en nuestra boca.
Un efecto interesante --prosigue Daniel-- es que al beber más, la sangre se diluye y eso nos puede llevar a tener menos glóbulos rojos, esto es, la anemia.
Otra aportación interesante relacionada con la anterior: la proteína en exceso debilita los músculos, en concreto, los músculos de las piernas se llenan de agua, y de ahí esa sensación de hinchazón en las extremidades inferiores, que son yang, por un elemento yin por excelencia: el agua. Yin atrae yang. Yang atrae yin.
En realidad, no nos sentimos mejor por los alimentos macrobióticos que comemos: lo que nos hace sentir bien es que HEMOS CAMBIADO. Y ¿cómo hacemos para cambiar? A partir del cereal. Volver al cereal integral nos hace regresar al centro. De ahí el énfasis del cereal --principalmente el arroz-- en la dieta. Comer el cien por cien de cereal (régimen nº 7) sirve para alcanzar el equilibrio, que tal vez no somos capaces de conseguir con otras dietas o regímenes. Y en realidad algo pasa en el cuerpo cuando lo asimilamos. René decía que cuanto más complicada la salud, más sencilla tenía que ser la dieta. Es una maravilla recordar de nuevo que a partir del cereal es más fácil cambiar.
Pero ¿cuándo tenemos que cambiar? Daniel nos explica que tenemos que adaptar la alimentación cada día. Porque lo que nos va bien hoy tal vez tengamos que modificar mañana. Ésta es una afirmación liberadora. Escuchemos siempre nuestro cuerpo.
Próximamente hablaremos sobre un tema muy interesante que también se abordó en Cuisine et Santé: el cambio de nuestros pensamientos y de nuestra conciencia mediante la alimentación.
¡Paz y felicidad a todos!
Y no puedo hacer más que testimoniar la renovadora experiencia de esta ciencia alquímica, ya que después de haber ido otras tantas veces a este santuario de la macrobiótica, algunas en vida de René, he revivido maravillada el buen funcionamiento y la vitalidad del centro cinco años después de que su fundador dejase este mundo.
Así es. Daniel Salens, colaborador de René durante treinta años, y habitual cocinero durante largos períodos, dirige con notable profesionalidad y profundo conocimiento las charlas matutinas y vespertinas que denominan "conference". Sus palabras rezuman el poso de sabiduría heredada de René tras pasar años traduciendo las clases del maestro, y sobre todo la huella indeleble que ha dejado la práctica de la macrobiótica en su piel y su aligerado cuerpo. Y todo ello con gran sencillez y humildad.
Daniel explicó con claridad que el hombre está hecho de los cuatro elementos: aire, agua, fuego y tierra. Es una expresión del principio único, que asimila al ser himano con la Naturaleza de la que forma parte. Como no podemos ingerir los cuatro elementos directamente, la Naturaleza nos los proporciona por medio de los vegetales, constituidos principalmente por un compuesto: la clorofila, que por los propios mecanismos de la física y la química se transmuta de verde en el rojo de la sangre. Así es como nos alimentamos del Sol.
También mencionó que beber poco, hábito recomendado por la macrobiótica, significa no beber mecánicamente. Eso es lo que sucede en la hilera de actividades sociales que llenan hoy día nuestra agenda. ¿Qué haces cuando vas a casa de alguien? Te ofrece algo de beber. ¿Qué haces cuando te reúnes con alguien por trabajo o por ocio? Tomas una bebida, quizás un refresco, un café o un té. No se te pasa por la cabeza si tienes sed. Es un acto tan adherido a nuestra cultura, que se convierte en mecánico. Es hora de tomar conciencia de lo que depositamos en nuestra boca.
Un efecto interesante --prosigue Daniel-- es que al beber más, la sangre se diluye y eso nos puede llevar a tener menos glóbulos rojos, esto es, la anemia.
Otra aportación interesante relacionada con la anterior: la proteína en exceso debilita los músculos, en concreto, los músculos de las piernas se llenan de agua, y de ahí esa sensación de hinchazón en las extremidades inferiores, que son yang, por un elemento yin por excelencia: el agua. Yin atrae yang. Yang atrae yin.
En realidad, no nos sentimos mejor por los alimentos macrobióticos que comemos: lo que nos hace sentir bien es que HEMOS CAMBIADO. Y ¿cómo hacemos para cambiar? A partir del cereal. Volver al cereal integral nos hace regresar al centro. De ahí el énfasis del cereal --principalmente el arroz-- en la dieta. Comer el cien por cien de cereal (régimen nº 7) sirve para alcanzar el equilibrio, que tal vez no somos capaces de conseguir con otras dietas o regímenes. Y en realidad algo pasa en el cuerpo cuando lo asimilamos. René decía que cuanto más complicada la salud, más sencilla tenía que ser la dieta. Es una maravilla recordar de nuevo que a partir del cereal es más fácil cambiar.
Pero ¿cuándo tenemos que cambiar? Daniel nos explica que tenemos que adaptar la alimentación cada día. Porque lo que nos va bien hoy tal vez tengamos que modificar mañana. Ésta es una afirmación liberadora. Escuchemos siempre nuestro cuerpo.
Próximamente hablaremos sobre un tema muy interesante que también se abordó en Cuisine et Santé: el cambio de nuestros pensamientos y de nuestra conciencia mediante la alimentación.
¡Paz y felicidad a todos!
miércoles, 15 de abril de 2015
Una hamburguesa que parece de carne... ¡pero no lo es!
Entonces, ¿qué es? Es una hamburguesa hecha con grano de trigo sarraceno amasado con grano de mijo, cocidos aparte.
Y lo que parece ketchup, tampoco lo es. Es una salsa a base de remolacha, zanahoria y puerro, cocidos juntos.
El pan de pita, está hecho con harina blanca ecológica y harina de cebada ecológica (en proporción de 5 a 1) y sin levadura, como se hacía antes.
La mayonesa, en este caso sí tiene huevo, y un poco de ajo, No es un invento suyo, pero esta es una receta de mi marido, a quien le encanta, y por tanto ha hecho de ésta una de sus especialidades. Se llama "allioli" que es una palabra catalana cuyo significado es "ajo y aceite"; creo que es una de las pocas palabras exportadas del catalán al resto del mundo, y doy fe de que en los Estados Unidos la conocen y la degustan.
Y hablando de maridos, creo que me voy a ganar algo del cielo complaciendo el paladar del mío, lo digo en serio...
La cuestión es que le ha encantado la hamburguesa y no ha dejado de proferir elogios.
En definitiva, un plato sencillo, realizado con ingredientes sanos y naturales, mucho más económicos que si hubiera sido de carne. ¡Dejemos a las vacas y a sus maridos vivir en paz!
Entonces, ¿qué es? Es una hamburguesa hecha con grano de trigo sarraceno amasado con grano de mijo, cocidos aparte.
Y lo que parece ketchup, tampoco lo es. Es una salsa a base de remolacha, zanahoria y puerro, cocidos juntos.
El pan de pita, está hecho con harina blanca ecológica y harina de cebada ecológica (en proporción de 5 a 1) y sin levadura, como se hacía antes.
La mayonesa, en este caso sí tiene huevo, y un poco de ajo, No es un invento suyo, pero esta es una receta de mi marido, a quien le encanta, y por tanto ha hecho de ésta una de sus especialidades. Se llama "allioli" que es una palabra catalana cuyo significado es "ajo y aceite"; creo que es una de las pocas palabras exportadas del catalán al resto del mundo, y doy fe de que en los Estados Unidos la conocen y la degustan.
Y hablando de maridos, creo que me voy a ganar algo del cielo complaciendo el paladar del mío, lo digo en serio...
La cuestión es que le ha encantado la hamburguesa y no ha dejado de proferir elogios.
En definitiva, un plato sencillo, realizado con ingredientes sanos y naturales, mucho más económicos que si hubiera sido de carne. ¡Dejemos a las vacas y a sus maridos vivir en paz!
viernes, 16 de enero de 2015
A propósito de la abundancia y el vivere parvo
Permítaseme un comentario a raíz de una interesante película que vi pocos días atrás: Boyhood. Por cierto, la recomiendo encarecidamente.
La peli narra diversas etapas de un jovencito desde que era niño (5 años aproximadamente) hasta que cumple 18, con toda la problemática que debe afrontar a causa de dos divorcios de su madre, varias mudanzas junto con su hermana y las peleas de su madre con los maridos que tuvo. Todo ello en un escenario cabría decir claramente caracterizado por la típica vida americana: afición al fútbol americano, a los perritos calientes y a las excursiones de fin de semana asando marshmallows al calor de la leña ardiendo.
En un clímax, hacia el final, tras mudarse la mamá a un apartamento y en la escena de la despedida de su hijo que abandona el nido para ir a la universidad, ella solloza al verle partir y descubrirse sola, de vuelta al punto de partida. En ese momento se lamenta en voz alta diciendo:
--Me he pasado media vida acumulando cosas para pasar la segunda mitad de la vida deshaciéndome de ellas.
Sabia conclusión. Sobre todo cuando piensa --y tú lo ves en menos tiempo que ella-- que se ha pasado casi veinte años luchando denodadamente para sacar adelante ella sola dos hijos y pagar casas, coches, hipotecas, y un largo etcétera.
Así es para la mayor parte de ciudadanos de hecho o de derecho que residen en los Estados Unidos. La sutil crítica a esa vida que subyace en la película es el hilo conductor al tema que traigo a colación y es un concepto diría básico de la macrobiótica. Vivere parvo. Esto es, una vida sencilla, casi pobre, entendida en el marco de lo que en Occidente podemos llamar "pobreza que no tiene nada que ver con su primo lejano de la India o Africa.
Incluso he descubierto que el vivere parvo que practican los macrobióticos de Europa dista del de los Estados Unidos, donde los parámetros de riqueza y abundancia sobrepasan a todo ser humano en el resto del planeta, según he podido comprobar, o así me lo parece. De cualquier modo, cada uno ha de meditar en los principios del Tao que se erigen en fundamento de este principio axiomático y aplicarlo en su vida en la medida de lo que desee abrazar su esencia. Porque abrazar el Tao es abrazar la esencia del Todo, del Uno. Con eso basta. No hace falta mucho más alrededor.
Y a propósito de los macrobióticos del continente americano, debo hacer mención de la reciente pérdida del seguidor de Ohsawa que más esfuerzos dedicó a la difusión de la macrobiótica allá: Michio Kushi, que falleció el pasado 28 de diciembre a los 88 años. Nuestras oraciones están con él y con su familia. Descanse en paz.
Próximamente comentaré más recetas. Disfruten del invierno que nos refresca por fuera y nos calienta por dentro.
La peli narra diversas etapas de un jovencito desde que era niño (5 años aproximadamente) hasta que cumple 18, con toda la problemática que debe afrontar a causa de dos divorcios de su madre, varias mudanzas junto con su hermana y las peleas de su madre con los maridos que tuvo. Todo ello en un escenario cabría decir claramente caracterizado por la típica vida americana: afición al fútbol americano, a los perritos calientes y a las excursiones de fin de semana asando marshmallows al calor de la leña ardiendo.
En un clímax, hacia el final, tras mudarse la mamá a un apartamento y en la escena de la despedida de su hijo que abandona el nido para ir a la universidad, ella solloza al verle partir y descubrirse sola, de vuelta al punto de partida. En ese momento se lamenta en voz alta diciendo:
--Me he pasado media vida acumulando cosas para pasar la segunda mitad de la vida deshaciéndome de ellas.
Sabia conclusión. Sobre todo cuando piensa --y tú lo ves en menos tiempo que ella-- que se ha pasado casi veinte años luchando denodadamente para sacar adelante ella sola dos hijos y pagar casas, coches, hipotecas, y un largo etcétera.
Así es para la mayor parte de ciudadanos de hecho o de derecho que residen en los Estados Unidos. La sutil crítica a esa vida que subyace en la película es el hilo conductor al tema que traigo a colación y es un concepto diría básico de la macrobiótica. Vivere parvo. Esto es, una vida sencilla, casi pobre, entendida en el marco de lo que en Occidente podemos llamar "pobreza que no tiene nada que ver con su primo lejano de la India o Africa.
Incluso he descubierto que el vivere parvo que practican los macrobióticos de Europa dista del de los Estados Unidos, donde los parámetros de riqueza y abundancia sobrepasan a todo ser humano en el resto del planeta, según he podido comprobar, o así me lo parece. De cualquier modo, cada uno ha de meditar en los principios del Tao que se erigen en fundamento de este principio axiomático y aplicarlo en su vida en la medida de lo que desee abrazar su esencia. Porque abrazar el Tao es abrazar la esencia del Todo, del Uno. Con eso basta. No hace falta mucho más alrededor.
Y a propósito de los macrobióticos del continente americano, debo hacer mención de la reciente pérdida del seguidor de Ohsawa que más esfuerzos dedicó a la difusión de la macrobiótica allá: Michio Kushi, que falleció el pasado 28 de diciembre a los 88 años. Nuestras oraciones están con él y con su familia. Descanse en paz.
Próximamente comentaré más recetas. Disfruten del invierno que nos refresca por fuera y nos calienta por dentro.
viernes, 9 de enero de 2015
¡Feliz 2015! ...Continúo con una paella ¡de las auténticas!
Quiero aprovechar la ocasión para felicitar el año nuevo desde Barcelona con un regalo: una paella de pescado y marisco, como la que puedes ver en la foto, que me he comido hoy. Ojalá nuestros amigos y amigas allende los mares (atlánticos) pudieran compartirla con nosotros. Y es que no me canso de repetirles: ¡vengan a España! Aunque sólo sea una vez en la vida, para probar este delicioso plato. Después caminen por las populosas calles de cualquier ciudad, y el paseo logrará el acomodo perfecto del plato en su sistema digestivo. Entren en la Sagrada Familia, en la impresionante basílica de Santa María del Mar, y recen un Avemaría por las almas de este mundo, para que Dios les dé, nos dé sabiduría a todos a fin de acabar con el horror y la violencia de unos pocos que crean pánico, caos y asesinato como ha ocurrido esta semana en París, Francia. Demos gracias a Dios por un año más, por la oportunidad de alzar nuestras voces y nuestras copas al cielo, y con una sonrisa en el corazón, digamos juntos: ¡Gracias, Dios mío, por la oportunidad de la vida! ¡No la desperdiciaré ni un día más, ni un año más llenándome la panza y despreocupándome de mi integridad, de mi salud, de las de mis hijos, mis amigos, del prójimo! Porque yo soy el Uno, y todos somos Uno.
Gracias a ti por escuchar, por leer estas sencillas líneas que me salen del alma.
Bienvenidos de nuevo. Welcome back!
Quiero aprovechar la ocasión para felicitar el año nuevo desde Barcelona con un regalo: una paella de pescado y marisco, como la que puedes ver en la foto, que me he comido hoy. Ojalá nuestros amigos y amigas allende los mares (atlánticos) pudieran compartirla con nosotros. Y es que no me canso de repetirles: ¡vengan a España! Aunque sólo sea una vez en la vida, para probar este delicioso plato. Después caminen por las populosas calles de cualquier ciudad, y el paseo logrará el acomodo perfecto del plato en su sistema digestivo. Entren en la Sagrada Familia, en la impresionante basílica de Santa María del Mar, y recen un Avemaría por las almas de este mundo, para que Dios les dé, nos dé sabiduría a todos a fin de acabar con el horror y la violencia de unos pocos que crean pánico, caos y asesinato como ha ocurrido esta semana en París, Francia. Demos gracias a Dios por un año más, por la oportunidad de alzar nuestras voces y nuestras copas al cielo, y con una sonrisa en el corazón, digamos juntos: ¡Gracias, Dios mío, por la oportunidad de la vida! ¡No la desperdiciaré ni un día más, ni un año más llenándome la panza y despreocupándome de mi integridad, de mi salud, de las de mis hijos, mis amigos, del prójimo! Porque yo soy el Uno, y todos somos Uno.
Gracias a ti por escuchar, por leer estas sencillas líneas que me salen del alma.
Bienvenidos de nuevo. Welcome back!
sábado, 30 de noviembre de 2013
Cena de Acción de Gracias 2013
Gracias a Dios por darnos un año más salud y amor para seguir cocinando con amor estos preciados manjares que la Madre Naturaleza nos brinda. Y también a quienes nos acompañaron en este día, nuestra "familia" de Miami.
Los platos que elegimos para la ocasión: fideuá (fideos de cabello de ángel con pescado y gambas), buñuelos de bacalao, fideos con azukis, tempuras de verduras, rollitos de kale y rabanitos con gengibre, pan con tomate -que no falte!- pastel de pescado con zanahoria y cebolla en base de mijo y avena, ensalada, bañado con una salsa natural de cranberries y naranja (hecha en casa). Y de postre (que no aparece en la imagen) el típico "pumpkin pie" con una crema de calabaza hecha en casa con calabazas y crema de arroz y castañas, !para chuparse los dedos!
Creo que todos quedamos satisfechos y bien contentos. Realmente no hay nada como una buena comida cocinada en casa con amor. Lo sabemos todas las mamás.
Feliz fin de semana de Thanksgiving, y una venturosa digestión para los que han comido un poco de más... Pensemos en los que no tienen qué llevarse a la boca y compartamos algo de la gran abundancia que Dios ha dado a esta tierra americana. !Hasta la próxima!
jueves, 13 de junio de 2013
Tarta de calabaza con manzana, kinpira y mijo con miso frito
Existen tantas recetas hechas con buenos alimentos como manos dispuestas a cocinarlas.
Y fáciles de realizar.
Tan solo necesitas tener amor por estos alimentos y por las personas para quienes vas a cocinar, aunque seas tú solo, o tú sola. Lo demás se puede aprender. La base de la que partimos es siempre sacar del frigorífico lo que tengas que cocinar antes; antes de que se estropee, me refiero, porque no tenemos necesidad de tirar la comida a la basura, ¿verdad? No, porque compramos con conocimiento los buenos alimentos y no lo que no sirve como alimento sino solo para llenarnos la panza, y porque compramos con moderación, lo necesario y no lo superfluo; de esta manera podemos comprar cosas de buena calidad para nuestra familia.
Nuestra mesa está siempre puesta para quien quiera venir a probar estos platos. !Verás cuán infinitas combinaciones podemos prepararte! La de hoy, sin ir más lejos, una tarta hecha con harina de trigo integral (molida en casa) y dentro (no se ve en la foto) hay un relleno hecho a base de cebolla yanguizada con calabaza, y por encima unas rodajas de manzanas. Todo encerrado con la masa y horneado. Lo acompañan una ración de mijo como cereal de base y encima un poco de miso frito, muy energizante, y kinpira, que son unas zanahorias cortadas en espiral y yanguizadas con raíz de bardana. La sopa, de lentejas.
!Buen provecho!
Y fáciles de realizar.
Tan solo necesitas tener amor por estos alimentos y por las personas para quienes vas a cocinar, aunque seas tú solo, o tú sola. Lo demás se puede aprender. La base de la que partimos es siempre sacar del frigorífico lo que tengas que cocinar antes; antes de que se estropee, me refiero, porque no tenemos necesidad de tirar la comida a la basura, ¿verdad? No, porque compramos con conocimiento los buenos alimentos y no lo que no sirve como alimento sino solo para llenarnos la panza, y porque compramos con moderación, lo necesario y no lo superfluo; de esta manera podemos comprar cosas de buena calidad para nuestra familia.
Nuestra mesa está siempre puesta para quien quiera venir a probar estos platos. !Verás cuán infinitas combinaciones podemos prepararte! La de hoy, sin ir más lejos, una tarta hecha con harina de trigo integral (molida en casa) y dentro (no se ve en la foto) hay un relleno hecho a base de cebolla yanguizada con calabaza, y por encima unas rodajas de manzanas. Todo encerrado con la masa y horneado. Lo acompañan una ración de mijo como cereal de base y encima un poco de miso frito, muy energizante, y kinpira, que son unas zanahorias cortadas en espiral y yanguizadas con raíz de bardana. La sopa, de lentejas.
!Buen provecho!
domingo, 2 de junio de 2013
Estadía macrobiótica en mi casa
Una de las cosas que me gusta ofrecer es una estadía de varios días en mi casa para que la persona interesada pueda apreciar y experimentar los beneficios de esta dieta después de integrarse en un hogar macrobiótico como el nuestro.
En la foto puedes ver a Kenneth y Bonita Frazier, quienes vinieron de Washington a pasar a finales de abril cinco días en mi casa para disfrutar de la comida y del bonito entorno formado por un frondoso paisaje tropical de árboles, patos y gansos que les daban la bienvenida junto al lago que preside la comunidad en la que vivimos en el residencial vecindario de Kendall, en Miami.
Desayunaron, almorzaron y cenaron los platos que iban saliendo de mi cocina alquímica todos los días, y la verdad es que no se quejaron, con lo cual deduzco que el haber aparcado la carne por unos días no les despertó al "diablillo" demasiadas veces. Fueron días entrañables, que disfrutamos en paz y armonía, acompañados por supuesto de numerosas lecturas a la lumbre de nuestra bien surtida biblioteca casera, alimentada tras años de acopiar perlas del buen saber espiritual sonsacadas de varios rincones del planeta.
Esperamos con mucho cariño que ellos o quienquiera que desee vivir la experiencia, nos visite de nuevo o por primera vez.
Hasta la próxima receta. !Saludos!
Posdata: La receta de la foto es una crema de calabaza, polenta de maíz al horno, pescado blanco local (pescado en Key Biscayne y comprado esa misma mañana), acompañado de unas verduras de estación (zanahorias y cebollas tiernas) al horno y una ensalada para refrescar. Les gustó.
En la foto puedes ver a Kenneth y Bonita Frazier, quienes vinieron de Washington a pasar a finales de abril cinco días en mi casa para disfrutar de la comida y del bonito entorno formado por un frondoso paisaje tropical de árboles, patos y gansos que les daban la bienvenida junto al lago que preside la comunidad en la que vivimos en el residencial vecindario de Kendall, en Miami.
Desayunaron, almorzaron y cenaron los platos que iban saliendo de mi cocina alquímica todos los días, y la verdad es que no se quejaron, con lo cual deduzco que el haber aparcado la carne por unos días no les despertó al "diablillo" demasiadas veces. Fueron días entrañables, que disfrutamos en paz y armonía, acompañados por supuesto de numerosas lecturas a la lumbre de nuestra bien surtida biblioteca casera, alimentada tras años de acopiar perlas del buen saber espiritual sonsacadas de varios rincones del planeta.
Esperamos con mucho cariño que ellos o quienquiera que desee vivir la experiencia, nos visite de nuevo o por primera vez.
Hasta la próxima receta. !Saludos!
Posdata: La receta de la foto es una crema de calabaza, polenta de maíz al horno, pescado blanco local (pescado en Key Biscayne y comprado esa misma mañana), acompañado de unas verduras de estación (zanahorias y cebollas tiernas) al horno y una ensalada para refrescar. Les gustó.
viernes, 22 de marzo de 2013
Polenta al horno con verduras, pan integral de cereales y sopa de cebada con frijoles blancos (white beans)
Queridas amigas y amigos,
Lamento haber hecho este paréntesis, en el que otras ocupaciones me han secuestrado durante un mes. He estado haciendo unos cursos muy interesantes en Coursera, por internet y gratis (en inglés, of course): Te los aconsejo si no los has visto todavía. Me he enterado de muchas cositas interesantes en el que ya terminó sobre el sistema de alimentación en los Estados Unidos y el otro que estoy haciendo, sobre nutrición (en teoría básico pero lleno de fórmulas químicas --eso no es para mí...--) todavía no ha terminado.
Son tantos los puntos de interés que no me caben aquí, así es que creo que los voy a organizar para mi próximo libro sobre alimentación. ¿Qué te parece?
Bueno, y para los que se hayan inscrito al Summit University sobre "La matriz esmeralda" que tendrá lugar en Miami del 29 al 31 de marzo, vayan haciendo boca, porque les voy a cocinar algunos de estos y otros platitos. Doy las gracias a todos los que me han confiado esta grata tarea de preparar las comidas para los asistentes; comidas que espero y confío les ayuden a estar concentrados y a obtener el máximo provecho de esta maravillosa clase que van a presentar mi querido José Luis y Yolanda Betancourt.
Prometo ser cauta en los aliños con arsénico... !Tranquilo, es broma!; pero no creas que es una barbaridad: los pollos que venden los supermercados de los Estados Unidos contienen esta pérfida sustancia química porque le da un color "más atractivo" a la carne expuesta en los estantes. Así que, querido amigo, querida amiga que vives en este potente país, entérate de lo que estás comprando para el consumo tuyo y de tu familia no sea que termines también tú cualquier día con aspecto de pollo descuartizado; eso sí, con un bonito color en tus mejillas...
Y ya sin más, paso a presentar el platito de hoy, una polenta (maíz) hervida con unos pedacitos de queso de cabra para darle sabor a ese queso preferido en la macrobiótica, y cocinada al horno sobre un lecho de nituké de zanahoria con cebolla (hecho aparte) y gratinado cinco minutos para tostarla por encima. Acompaña a la polenta un poco de ensalada y un trozo de pan hecho con harinas integrales de trigo, maíz, sarraceno y castaña (esta última le da un sabor bastante dulce). La sopa es de cebada y verduritas (puerro, nabo, hinojo y unas cuantas judías o frijoles blancos -white beans-), decorado con una hojita de perejil.
Debo recordarte que en la macrobiótica respetamos las estaciones y no cocinamos igual en verano que en invierno o en el otoño; aquí en Miami el clima es benigno casi todo el año, por eso añadimos a menudo un poquito de ensalada (yin) cuando hacemos algo al horno ( más yang) o frito (todavía más yang), y por eso he puesto un poco de queso también en la polenta, porque han sido unos días de un poco más de frío; pero por supuesto no cocinaría igual si viviera en Alemania o en Canadá.
!Buen provecho!
Lamento haber hecho este paréntesis, en el que otras ocupaciones me han secuestrado durante un mes. He estado haciendo unos cursos muy interesantes en Coursera, por internet y gratis (en inglés, of course): Te los aconsejo si no los has visto todavía. Me he enterado de muchas cositas interesantes en el que ya terminó sobre el sistema de alimentación en los Estados Unidos y el otro que estoy haciendo, sobre nutrición (en teoría básico pero lleno de fórmulas químicas --eso no es para mí...--) todavía no ha terminado.
Son tantos los puntos de interés que no me caben aquí, así es que creo que los voy a organizar para mi próximo libro sobre alimentación. ¿Qué te parece?
Bueno, y para los que se hayan inscrito al Summit University sobre "La matriz esmeralda" que tendrá lugar en Miami del 29 al 31 de marzo, vayan haciendo boca, porque les voy a cocinar algunos de estos y otros platitos. Doy las gracias a todos los que me han confiado esta grata tarea de preparar las comidas para los asistentes; comidas que espero y confío les ayuden a estar concentrados y a obtener el máximo provecho de esta maravillosa clase que van a presentar mi querido José Luis y Yolanda Betancourt.
Prometo ser cauta en los aliños con arsénico... !Tranquilo, es broma!; pero no creas que es una barbaridad: los pollos que venden los supermercados de los Estados Unidos contienen esta pérfida sustancia química porque le da un color "más atractivo" a la carne expuesta en los estantes. Así que, querido amigo, querida amiga que vives en este potente país, entérate de lo que estás comprando para el consumo tuyo y de tu familia no sea que termines también tú cualquier día con aspecto de pollo descuartizado; eso sí, con un bonito color en tus mejillas...
Y ya sin más, paso a presentar el platito de hoy, una polenta (maíz) hervida con unos pedacitos de queso de cabra para darle sabor a ese queso preferido en la macrobiótica, y cocinada al horno sobre un lecho de nituké de zanahoria con cebolla (hecho aparte) y gratinado cinco minutos para tostarla por encima. Acompaña a la polenta un poco de ensalada y un trozo de pan hecho con harinas integrales de trigo, maíz, sarraceno y castaña (esta última le da un sabor bastante dulce). La sopa es de cebada y verduritas (puerro, nabo, hinojo y unas cuantas judías o frijoles blancos -white beans-), decorado con una hojita de perejil.
Debo recordarte que en la macrobiótica respetamos las estaciones y no cocinamos igual en verano que en invierno o en el otoño; aquí en Miami el clima es benigno casi todo el año, por eso añadimos a menudo un poquito de ensalada (yin) cuando hacemos algo al horno ( más yang) o frito (todavía más yang), y por eso he puesto un poco de queso también en la polenta, porque han sido unos días de un poco más de frío; pero por supuesto no cocinaría igual si viviera en Alemania o en Canadá.
!Buen provecho!
jueves, 14 de febrero de 2013
Calabacines (zucchini) rellenos con cebolla y pan rallado, nituké de zanahorias con lentejas sobre pita de trigo, cuscús y buñuelos de manzana
Explica Ohsawa que los cereales son siempre la base de una comida, y constituyen el 60% del total. Esta es una de las características fundamentales que distinguen a un macrobiótico de un vegetariano. Hay otras, por supuesto, como por ejemplo, que un macrobiótico puede optar por el pescado (casi nunca por carne de ningún tipo) y no por cuestiones sentimentales, como ya apunté en uno de mis artículos, sino por una cuestión de higiene corporal. Y otras más que ya iremos comentando. Pero no quiero que te enfoques en este tema sino en lo que fundamenta la macrobiótica en sí.
Tenlo bien presente, querido amigo o amiga cibernéticos, porque es una dimensión totalmente diferente de una comida y del alimento en sí; y esa es una de las razones por las que tienes que aprender acudiendo a las clases de alguien que lo haya aprendido de primera mano, porque la macrobiótica no consiste solamente en una serie de recetas apetitosas y coloridas, que hago y publico en esta página muy a gusto, sino que es algo más: el equilibrio entre el yin y el yang, y eso cuesta tiempo de aprehender (sí, con hache); el cereal es el que te ancla en el punto medio entre esos dos polos, y produce la alquimia perfecta en el organismo. Hay que probarlo, y los beneficios no tardan en manifestarse.
Los vegetales, las legumbres, ensaladas, productos animales, etcétera, etcétera, son alimentos secundarios, y tan solo acompañan al cereal. ¿Raro, verdad? Bueno, te animo a que vengas a una de mis clases o a compartir una comida en mi casa y lo verás.
Hoy te presento un plato compuesto de calabacines (zucchini) rellenos con su propia masa y un poco de cebolla y pan rallado, nituké de zanahorias con unas lentejas que tenía del día antes, sobre un lecho de pita hecha con harina de trigo integral molida en casa y una bola de cuscús (estos dos son el cereal). De postre, unos buñuelos de manzana rebozados (empanizados) con harina de maíz y de trigo integral (mitad de cada). La sopa es de nabo con avena (hervidos y triturados) con un pedacito de cracker. Sobre el nituké hay un poquito de mayonesa hecha en casa (a mi marido le encanta y la hace él mismo) y al lado una mini ración de ensalada.
!Buen provecho!
Tenlo bien presente, querido amigo o amiga cibernéticos, porque es una dimensión totalmente diferente de una comida y del alimento en sí; y esa es una de las razones por las que tienes que aprender acudiendo a las clases de alguien que lo haya aprendido de primera mano, porque la macrobiótica no consiste solamente en una serie de recetas apetitosas y coloridas, que hago y publico en esta página muy a gusto, sino que es algo más: el equilibrio entre el yin y el yang, y eso cuesta tiempo de aprehender (sí, con hache); el cereal es el que te ancla en el punto medio entre esos dos polos, y produce la alquimia perfecta en el organismo. Hay que probarlo, y los beneficios no tardan en manifestarse.
Los vegetales, las legumbres, ensaladas, productos animales, etcétera, etcétera, son alimentos secundarios, y tan solo acompañan al cereal. ¿Raro, verdad? Bueno, te animo a que vengas a una de mis clases o a compartir una comida en mi casa y lo verás.
Hoy te presento un plato compuesto de calabacines (zucchini) rellenos con su propia masa y un poco de cebolla y pan rallado, nituké de zanahorias con unas lentejas que tenía del día antes, sobre un lecho de pita hecha con harina de trigo integral molida en casa y una bola de cuscús (estos dos son el cereal). De postre, unos buñuelos de manzana rebozados (empanizados) con harina de maíz y de trigo integral (mitad de cada). La sopa es de nabo con avena (hervidos y triturados) con un pedacito de cracker. Sobre el nituké hay un poquito de mayonesa hecha en casa (a mi marido le encanta y la hace él mismo) y al lado una mini ración de ensalada.
!Buen provecho!
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